Treinta y cinco años después de convertirse en el musical más emblemático de la Argentina, Drácula vuelve a escena con una propuesta completamente nueva. Lejos de una reposición o una remake, Drácula II: Resurrección retoma el universo creado por Pepe Cibrián Campoy para contar una historia inédita, atravesada por el amor, la pérdida y la búsqueda de redención.La producción se presenta en una gran carpa instalada en el Hipódromo de San Isidro, donde se construyó un teatro con capacidad para 1.300 espectadores. El espacio, desarrollado junto al Circo Rodas, propone una experiencia inmersiva que busca que el público se adentre en el universo de la obra desde el momento en que cruza la entrada.Con 28 artistas en escena, más de 240 trajes de época, coreografía de Matías Ramos y arreglos musicales de Yair Hilal, la producción apuesta por una puesta de gran despliegue visual. El elenco está integrado por Antonela Cirillo como Mina y Diego Duarte Conde como Wolf, acompañados por Heidy Viciedo, Michel Hersch y Melina Kantor.La historia transcurre tres décadas después de los hechos que marcaron al clásico original. Mina Murray vuelve a ocupar un lugar central en una trama que explora el reencuentro con Wolf y plantea una mirada diferente sobre el mito de Drácula. En esta nueva etapa, el personaje deja de estar definido únicamente por la oscuridad para convertirse en una figura atravesada por el paso del tiempo, las heridas del pasado y la posibilidad de una nueva oportunidad.Pepe Cibrian Campoy cuenta que la idea de volver a ese universo surgió de una conversación con la actriz Cecilia Milone: “Un día me dijo, ¿por qué no escribís la secuela de Drácula? Y me pareció una idea brillante. Allí mismo dije, qué bueno hacer una versión donde pasa 30 años después de donde termina la original”. A partir de esa propuesta, comenzó a escribir una secuela: “Recrear en el tiempo esa historia inconclusa de amor entre Mina y Drácula. La obra original estaba basada en la novela de Bram Stoker; esta está basada en mí", señala el director.El cambio también se refleja en la música. Por primera vez, una producción del universo Drácula no cuenta con composiciones de Ángel Mahler. La banda sonora fue creada por Pablo Flores Torres y acompaña esta nueva etapa con un lenguaje más contemporáneo, sin perder la impronta del teatro musical.Para Cirillo, vecina de San Isidro, interpretar a uno de los personajes más emblemáticos del teatro musical argentino significó uno de los mayores desafíos de su carrera. "Desde el primer día entendí que no se trataba de imitar ni de intentar ocupar un lugar que ya es parte de la memoria del público, sino de encontrar mi propia verdad", cuenta y explica que el paso del tiempo también transformó al personaje: "Mina es distinta, atravesada por la experiencia, pero con la misma esencia".La protagonista asegura que uno de los aspectos que más la sorprendió durante los ensayos fue descubrir que la historia pone el foco en el amor, el perdón y las segundas oportunidades. "Hay una humanidad muy profunda en todos los personajes. Mina ya no está atravesada solamente por el conflicto, sino por la posibilidad de comprender, sanar y mirar el pasado desde otro lugar", afirma. Además, destaca que quienes nunca hayan visto el Drácula original podrán disfrutar igualmente de la propuesta: "Esta obra tiene identidad propia. Van a encontrarse con una gran historia de amor, con música maravillosa y personajes muy humanos".Diego Duarte Conde, interpreta a Wolf, ya había encarnado al personaje durante la gira nacional de Drácula en 2008. Esa experiencia le permitió reconstruir el personaje: "Wolf vuelve con una esencia totalmente distinta y esta resurrección explora facetas completamente nuevas, tanto desde lo actoral como desde lo vocal", sostiene.El actor también remarca que una de las principales diferencias con la obra original aparece en la construcción escénica. A las canciones se suma un mayor desarrollo de escenas habladas y una fuerte integración entre actores y bailarines: "Los textos tienen un peso muy importante y las coreografías acompañan permanentemente la narración, aportan una dinámica diferente", explica. Sobre el público que se acercará por primera vez al universo de Drácula, espera que pueda conectar con "las emociones, los conflictos y los sentimientos profundos que atraviesan a los personajes".La elección del Hipódromo de San Isidro no fue casual, para Cibrián el desafío de montar una obra en una gran carpa continúa una búsqueda que comenzó hace décadas con las históricas funciones en el Luna Park: "Hacer teatro dentro de un estadio nunca fue algo habitual. Esta propuesta también es distinta y me pareció un privilegio volver a experimentar con un formato poco convencional", explica.Esa experiencia también representa un desafío para el elenco. Cirillo destaca que: "El público deja de ser un simple espectador para convertirse en parte de la experiencia. Sentís que el espectáculo sucede alrededor de la gente y no solamente delante de ella", sostiene.Duarte Conde coincide y explica que la disposición del escenario obliga a repensar cada movimiento. En la carpa las plateas rodean gran parte del espacio: "Eso cambia completamente la dinámica de las entradas, las salidas y la forma de habitar el escenario", señala.Cibrián vuelve sobre uno de los títulos más importantes de su carrera, aunque con una intención clara de no repetir el fenómeno de 1991, sino expandir ese universo desde otro lugar: "Me gustaría que el público descubriera ese aspecto humano de un personaje que renunció a su inmortalidad por amor y que pudiera salir con la misma emoción que sintió al ver la primera obra".