El filme retrata la vida diaria de un trabajador abandonado hasta por su patrón en la Baja California y con el que la cineasta culmina dos décadas en México

En 2002, Nuria Ibáñez Castañeda (Madrid, 52 años) se mudó a México. Había estudiado Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y posteriormente trabajado en un portal de internet, Elfoco.com, en el que se encargaba de la información cinematográfica. “Además, tenían una productora, que estuvo detrás de Amores perros, y a mí me tocó bastante de aquella promoción. Y me quedaron muchas ganas de conocer México”. Cuando el portal cerró, Ibáñez Castañeda decidió mudarse allí: “Empecé a vender mis entrevistas de directores y directoras que había hecho y que me había ido guardando. Luego me metí en una escuela de guion, siempre pensando que iba a estar un par de años. He dado clases, he ido enlazando rodajes. Yo vivo con poco. Comencé a hacer documentales de manera muy autodidacta. Hay una realidad brutal en México, tan estimulante que, en fin, me fui quedando“. Tanto, que cuando volvió a España ya habían pasado dos décadas y toda una vida fílmica, que ahora alcanza su punto de inflexión con el estreno de El guardián.

La cineasta habla sentada en el salón de eventos de la Academia de Cine, Madrid, donde está realizando una residencia de la que podría salir su siguiente largometraje de ficción. Antes de ahondar en El guardián, su primer largo de ficción con el que concursó en el pasado festival de Málaga y con el que ganó el premio a mejor ópera prima en el prestigioso certamen de Morelia (México), recuerda con cierto tono nostálgico: “México es un país muy generoso. Realmente me acogió. Todas las veces que me presenté a ayudas, las obtuve. Y fui pudiendo hacer las pelis que me propuse. Aquí es más complicado. Aunque hay más industria, es complicado”.