El estudioso subraya la importancia de los reptiles y anfibios para el planeta y para nosotros y advierte de los males que provocan el declive y la desaparición de especies

Eudald Pujol recibe en un despacho del departamento de Vertebrados de la Facultad de Biología de Barcelona en el que destacan un cuadro con una gran foto de perfil de un lagarto gigante de El Hierro y libros como Anfibios y carreteras (Thomas Langton ed.), sobre esa tan mala combinación para los primeros. El herpetólogo (científico que estudia los reptiles y anfibios), que luce pantalón corto, camiseta con bichos y dos aretes en la oreja izquierda, es un hombre de aspecto juvenil y atlético (ideal para huir de serpientes y caimanes, pensaría alguien), muy distinto de la idea que puede tener uno de un herpetólogo, si es que alguien tiene una idea muy definida de cómo es un herpetólogo. Apasionado de los lagartos ocelados, Pujol (Sant Feliu de Guíxols, 38 años) preside la Sociedad Catalana de Herpetología y advierte de los males que provocan el declive y la desaparición de especies de reptiles y anfibios.

Pregunta. Se preguntarán algunos, ¿herpeto qué?

Respuesta. Viene del griego herpetón, animal que se arrastra, y la raíz es reptar. Hay gente que piensa que los herpetólogos estudiamos los herpes, y en la etimología no van desencaminados: el herpes zóster o culebrilla es una erupción en forma de banda que parece arrastrarse por la piel. En realidad, los herpetólogos estudiamos a los reptiles (12.500 especies) y a los anfibios o batracios (9.000); para los que se dedican específicamente a los segundos se ha acuñado el término batracólogo, que es aún más raro.