La ansiedad no siempre llega después de una gran tragedia. Tampoco convierte necesariamente la vida en un caos. Puede instalarse en personas con trabajo, pareja, amigos y una rutina aparentemente tranquila. De hecho, esa aparente normalidad es, muchas veces, lo que la vuelve más difícil de entender.
Sobre esa idea construye la publicista y escritora Eva Quevedo (Madrid, 1974) Ansiosos anónimos (Penguin Random House), una novela ambientada en una terapia de grupo en un centro de salud que recurre al humor y al realismo mágico para poner palabras a una experiencia que millones de personas viven en silencio.
La ansiedad también aparece cuando “todo va bien”
Miranda López Quintana ronda los cuarenta años. Tiene un trabajo estable, una pareja que la quiere y la apoya, amigos, salud y una vida que, vista desde fuera, parece completamente normal. Aun así, ninguna de esas certezas basta para mantener a raya la ansiedad. La novela arranca cuando recibe un correo de su centro de salud en el que la convocan a una terapia grupal para “tratar la ansiedad generalizada y crónica que padece”. Será en esas once sesiones donde conozca a otros pacientes cuyas historias permitirán a Quevedo explorar distintas formas de convivir con este trastorno.






