“La derecha dice: Hay injusticia, y es inevitable. La izquierda dice: Hay injusticia, y es insoportable”. La célebre frase de Françoise Sagan condensa muy bien lo que a muchas personas nos lleva a apoyar a la izquierda, por principio. Pero a veces no podemos evitar una pregunta incómoda: en la práctica, ¿ayuda la izquierda a quienes dice querer ayudar? Veámoslo en dos debates recientes: el del burka y el de las “terapias de conversión”.En febrero, Vox presentó una proposición de ley para prohibir el uso del velo integral (de la cabeza a los pies, tapando la cara) en los espacios públicos. Tuvo el apoyo del PP, pero no del resto de las fuerzas políticas. Podemos no solo votó en contra, sino que presentó una proposición para garantizar el uso del hiyab (velo que cubre la cabeza) en las escuelas. Àlex GarciaEn junio, el PSOE propuso una ley que sanciona con cárcel las “terapias de conversión” aplicadas a homosexuales o transexuales. Suele entenderse por tales el uso de métodos bárbaros: descargas eléctricas, humillación pública… Pero la propuesta del PSOE (aprobada por todos, salvo Vox y PP) castiga las finalidades, no los actos, de los que da una definición tan vaga que cabe todo: “actos, métodos, programas, técnicas o procedimientos, ya sean psicológicos, físicos, farmacológicos o de cualquier otra naturaleza, destinados a modificar, reprimir, eliminar o negar la orientación sexual, identidad sexual o expresión de género [de la persona], con afectación de su salud física o mental o menoscabo grave de su integridad moral”.Al considerar las identidades, orientaciones y deseos como algo innato y monolítico, la ley no deja a las y los profesionales otra opción que la llamada “terapia afirmativa”, la que consiste en corroborar el autodiagnóstico de quien les consulta. Eso lleva a que, por ejemplo, la Unitat de Trànsit, del Institut Català de la Salut, recete hormonas del sexo contrario en la primera visita en un 87% de los casos. Quien, en vez de eso, haga dudar al/la paciente (que es en lo que consiste una buena terapia) puede acabar ante los tribunales.En uno y otro debate, ¿qué criterios dicen haber aplicado los partidos de izquierdas? En el del velo integral, dijeron que había muy pocos casos, por lo que no era necesario legislar, y que había que respetar la libertad de las que quisieran llevarlo. Pero terapias de conversión documentadas prácticamente no hay, lo que no impidió que se aprobara la ley, y esta se aplica aunque el sujeto las hubiera consentido libremente.En el caso del velo, la izquierda parece querer captar el voto de una parte de la comunidad musulmana¿Cómo entender esa contradicción? Creo que la clave está en un tercer factor, el único que realmente la izquierda toma en cuenta: el colectivo o la ideología con los que desea aliarse. En el caso del velo, parece querer captar el voto de una parte de la comunidad musulmana. En el de las “terapias de conversión” (lo pongo entre comillas porque lo que esa ley castiga no son verdaderas terapias de conversión, o sea, métodos bárbaros), se trata de enarbolar lo queer como seña de identidad política.Ambos propósitos son muy respetables. O lo serían si la izquierda los reconociera abiertamente, junto con sus consecuencias. Apoyar el velo es optar por una parte de la comunidad musulmana: la fundamentalista, frente a interpretaciones más liberales o laicas. Perseguir unas “terapias de conversión” mal definidas o inexistentes es defender una ideología, la de la “identidad de género”, que, al negar la realidad del sexo, vacía de contenido el feminismo.En ambos casos, además, el ostentoso apoyo a un grupo vulnerable se hace a costa de otro, cuyo sufrimiento se invisibiliza: las mujeres de contexto musulmán, a las que se priva de apoyo para criticar la discriminación que sufren (reinterpretada por la izquierda como “diversidad”), así como las personas cuyas dudas y malestar se diagnostican, bajo amenaza de cárcel, con un único patrón, el de la transexualidad, conduciéndolas a menudo a tratamientos médicos (hormonación, amputaciones…) gravemente perjudiciales.Por mi parte, igual que Unamuno sentía que le dolía España, sin poder por eso dejar de ser español, yo sigo queriendo ser de izquierda, pero cuando la miro de cerca, en su práctica, muchas veces la izquierda me defrauda y me duele.
Me duele la izquierda, por Laura Freixas
“La derecha dice: Hay injusticia, y es inevitable. La izquierda dice: Hay injusticia, y es insoportable”. La célebre frase de Françoise Sagan condensa muy bien lo que a muchas personas nos lleva a apoyar a la izquierda, por principio. Pero a veces no podemos evitar una pregunta...







