Ucrania ha encontrado en los globos estratosféricos una nueva forma de llevar la guerra a territorio ruso. La idea recuerda al Proyecto Loon de Google, que pretendía ofrecer conexión a internet mediante aerostatos situados a gran altitud y que tuvo que ser cancelado por su elevado coste. En este sentido, parece que Kiev ha adaptado aquel concepto civil a las necesidades del campo de batalla. Con materiales baratos y sistemas relativamente sencillos, estos dispositivos pueden actuar como señuelos, repetidores de comunicaciones e incluso plataformas aéreas desde las que desplegar drones o proyectiles. La estrategia ha ganado relevancia después de que más de 1.000 globos de bajo coste hayan sido enviados hacia Rusia. Algunos se utilizan para obligar a las defensas enemigas a revelar su posición, mientras que otros transportan equipos de comunicación o pequeñas aeronaves no tripuladas. Su vuelo a gran altura complica la respuesta rusa, ya que interceptarlos con misiles diseñados para destruir aviones o amenazas balísticas supone gastar munición mucho más cara que el propio objetivo. Uno de los desarrollos más llamativos es el sistema DART, creado por la empresa ucraniana Center of Innovative Technologies Program, CITP. Su funcionamiento se basa en elevar un proyectil mediante un globo hasta una altura aproximada de entre 12 y 18 km. Desde ese punto, el arma es liberada para iniciar el descenso y dirigirse hacia el blanco seleccionado, aprovechando la altitud inicial para ampliar su alcance sin necesidad de emplear una plataforma de lanzamiento convencional. Un misil difícil de interferir El DART utiliza la navegación por satélite durante la primera fase del trayecto para corregir su orientación y aproximarse a la zona del objetivo. Sin embargo, desconecta deliberadamente el sistema de guiado durante los últimos 6 km y completa el recorrido con la ayuda de un motor de combustible sólido. Esta decisión reduce la precisión frente a otros misiles avanzados, pero deja a los sistemas rusos de guerra electrónica sin una señal activa que bloquear, desviar o manipular en el tramo terminal. La carga prevista ronda los 10 kg e incluye filamentos conductores de grafito diseñados para provocar cortocircuitos en instalaciones eléctricas. Este tipo de munición no necesita alcanzar un componente de pequeñas dimensiones, ya que puede dispersar el material sobre subestaciones, redes de distribución o infraestructuras energéticas extensas. De este modo, Ucrania busca alterar la capacidad operativa rusa mediante un sistema barato que sacrifica parte de la precisión a cambio de resistencia frente a las interferencias electrónicas. Los globos también pueden transportar drones Hornet, cuya autonomía aumentaría considerablemente al ser liberados desde la estratosfera. Todo apunta a que esta fórmula podría duplicar su radio de ataque hasta situarlo cerca de los 300 km. Al comenzar el vuelo a gran altitud y más cerca de la zona asignada, el aparato consume menos energía durante la aproximación, lo que le permite reservar combustible para recorrer una distancia mayor o transportar una carga útil más elevada. La geografía favorece a Ucrania El coste constituye otra de las claves de esta táctica. Algunos globos pueden fabricarse por unos 200 dólares, una cantidad muy inferior al precio de los interceptores empleados por los sistemas antiaéreos S-300 y S-400. Incluso cuando el aerostato no lleva armamento, su presencia puede obligar a Rusia a activar radares, movilizar unidades o disparar proyectiles de alto valor. La diferencia económica convierte cada lanzamiento en un dilema: ignorarlo implica asumir un posible ataque, pero destruirlo desgasta recursos defensivos limitados. TE PUEDE INTERESAR Ucrania cuenta, además, con una ventaja difícil de reproducir por su adversario: los vientos dominantes suelen avanzar de oeste a este, facilitando el desplazamiento de los globos hacia territorio ruso. Moscú trabaja en una alternativa denominada Barrazh-1, un aerostato estratosférico capaz de transportar unos 100 kg de equipos de comunicaciones y concebido como repetidor para reducir la dependencia de sistemas como Starlink. Sin embargo, la adaptación ucraniana del antiguo sueño tecnológico de Google muestra cómo una iniciativa civil abandonada por razones económicas puede transformarse, con pocos recursos, en una amenaza militar capaz de inquietar a Rusia lejos del frente. Ucrania ha encontrado en los globos estratosféricos una nueva forma de llevar la guerra a territorio ruso. La idea recuerda al Proyecto Loon de Google, que pretendía ofrecer conexión a internet mediante aerostatos situados a gran altitud y que tuvo que ser cancelado por su elevado coste. En este sentido, parece que Kiev ha adaptado aquel concepto civil a las necesidades del campo de batalla. Con materiales baratos y sistemas relativamente sencillos, estos dispositivos pueden actuar como señuelos, repetidores de comunicaciones e incluso plataformas aéreas desde las que desplegar drones o proyectiles.