¿Qué ganamos ayer? ¿Un partido de fútbol? ¿El pase a una final del Mundial? ¿La posibilidad de ver jugar a nuestros ídolos nuevamente? Mucho más, muchísimo más. Ganamos identidad, reforzar la autoestima nacional, ganamos ese tesoro inmaterial que hace que un país salga adelante pese a toda adversidad. Ayer decíamos que el fútbol funciona como metáfora de la vida porque cuando, por ejemplo, Lionel Messi o cualquier jugador de nuestra selección agarra la pelota, lo más probable es que no entre. Pero ellos no especulan, juegan como si cada oportunidad fuese la del gol, hacen posible lo improbable y nunca se rinden. Porque además está el cómo ganamos. Lo dimos vuelta. Estábamos perdiendo y nos estábamos quedando afuera del Mundial y en ese momento, el seleccionado argentino se hizo gigante. En el momento en que peor se veía todo es cuando mejor jugamos y primero lo empatamos y, a diferencia de Inglaterra, que especuló y después del primer gol se quedó defendiendo, nosotros seguimos buscando hacer realidad lo improbable, casi imposible y lo logramos. Cada tanto un pueblo, una sociedad tiene que poder recordar que puede hacer grandes cosas, salir adelante “darla vuelta” cuando todo se pone difícil. Y no solo eso, también está a quién le ganamos. Al seleccionado de una nación cuyo enfrentamiento nos define como sociedad y como pueblo. Según varios historiadores que vamos a retomar más adelante, nuestra identidad nacional empieza a definirse en la resistencia contra las invasiones inglesas del siglo XIX. Nosotros antes de independizarnos de España, derrotamos las invasiones inglesas en Buenos Aires, con los propios vecinos conformando milicias urbanas y enfrentando a uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Esa fue la primera vez que lo dimos vuelta, cuando todo parecía perdido, estábamos dominados por los españoles, cuyo virrey, al ver al inglés invasor, se escapó. Y nos hicimos cargo de derrotar a Inglaterra y de inventarnos como pueblo. Además, nos define por nuestra herida, Argentina no puede flamear su bandera en todo el territorio nacional, porque tiene ocupadas las Islas Malvinas y hay argentinos que dieron la vida por defenderlas. Eso hace que la victoria de ayer, a 40 años de la de Diego Maradona en 1986, sea tan especial y tan identitaria. Cuando invadieron dos veces, los rechazamos, cuando tomaron las Malvinas las defendimos como pudimos a pesar de la inoperancia de la dictadura militar y luego nos terminamos vengando pacíficamente y con el peso de todo nuestro talento dos veces, con los dos mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos. Háblenme de épica.