La final entre Argentina y España será mucho más que el partido que definirá al campeón del mundo. Como ocurrió frente a Inglaterra, el fútbol volverá a funcionar como un escenario donde se proyectan la historia, la memoria y la identidad nacional. Pero esta vez el símbolo cambia: si Inglaterra evocaba el conflicto, Malvinas y la confrontación con un adversario histórico, España nos enfrenta a una pregunta mucho más compleja, porque representa el origen de gran parte de lo que somos. La selección argentina jugará contra el país del que se independizó hace más de dos siglos, pero también contra la tierra de la que llegaron millones de nuestros abuelos, donde Lionel Messi se formó como futbolista y pudo realizar el tratamiento hormonal que hizo posible su carrera y donde hoy vive una de las comunidades argentinas más numerosas del mundo. Por eso, más que una final entre dos selecciones, el domingo será el encuentro entre dos historias profundamente entrelazadas. Y una nueva oportunidad para comprender que la Scaloneta no solo gana partidos: también activa los grandes relatos con los que una sociedad piensa su pasado, interpreta su presente e imagina su futuro.
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