Si el fútbol fuese solamente once personas contra otras once personas corriendo detrás de una pelota, nadie estaría discutiendo hoy sobre la soberanía de las Islas Malvinas. Esa es la demostración que la selección argentina ya ganó: porque con sus actitudes, sus gestos y sus declaraciones, puso en la agenda mundial el derecho soberano sobre nuestro territorio, de una forma que ninguna movida política podría llegar a realizar. Lo interesante del caso es que no hizo falta un discurso oficial ni una conferencia diplomática. Bastó una imagen. Una bandera hecha a mano, levantada por los campeones del mundo, después de eliminar a Inglaterra en una Copa del Mundo. La potencia comunicacional del fútbol hizo el resto. “Las Malvinas siempre serán argentinas. Es una parte triste de nuestra historia… y duele. Sabíamos que también jugábamos por ellas”, dijo Leandro Paredes al terminar el partido y como corolario de un acto que trascendió fronteras, al punto que despertó infinidad de reacciones en Inglaterra y en el resto del mundo.

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