Con el estadio Mary Terán de Weiss repleto de familias y una bandera argentina como telón de fondo, Jorge Macri egresó a 1.022 nuevos policías y repitió la frase que convirtió en marca política: "el vale todo se terminó". No fue un acto protocolar más. Fue la puesta en escena más clara de una estrategia que el jefe de Gobierno porteño ejecuta con disciplina desde hace meses y que hoy le rinde en las encuestas: convertir la seguridad y el control de la calle en el eje excluyente de su gestión, y en la plataforma de su candidatura a la reelección.
"La ley y el orden rigen en cada metro cuadrado de esta Ciudad. Acá no hay excepciones, nadie está por encima de la ley", sostuvo Macri ante más de 15 mil personas, flanqueado por su jefe de Gabinete, Gabriel Sánchez Zinny, el ministro de Seguridad, Horacio Giménez, y la plana mayor policial. La Ciudad ya suma más de 28 mil efectivos, incorporó 400 patrulleros y 600 armas de baja letalidad. El mensaje, repetido en cada acto, apunta siempre al mismo destinatario: "los porteños de bien saben que estamos de su lado".
"Ley y orden" como gestión
Los operativos contra los "trapitos", el decreto que obliga a subtes, colectivos y recolección de residuos a garantizar servicios mínimos ante paros, y sobre todo la ofensiva de desalojos de inmuebles usurpados (más de 800 propiedades recuperadas, por un valor estimado en 400 millones de dólares) construyeron una narrativa de recuperación del espacio público que Macri capitaliza como diferencial frente al "desgobierno" que, según su discurso, impera "en otros lados".











