El Open Arms encontr� la embarcaci�n en mitad de la noche. Iba a la deriva en el Mediterr�neo central, con los motores parados y sin posibilidad de seguir navegando. La b�squeda hab�a durado varias horas desde el aviso recibido por los equipos de rescate. Cuando la tripulaci�n logr� alcanzarla, la barca ya no pod�a avanzar. Dentro, 85 personas gritaban para pedir ayuda.La mayor�a proced�a de Banglad�s. Tambi�n hab�a personas de Egipto y Somalia, entre ellas 22 menores no acompa�ados. Hab�an salido de Libia y llevaban cuatro d�as de traves�a. La operaci�n se complet� al alba del jueves, pese a las duras condiciones del mar, durante la misi�n 129 de la organizaci�n.Para saber m�sLos supervivientes subieron al Open Arms agotados, con la ropa empapada y el cuerpo castigado por el sol y la sed. Muchos estaban deshidratados y presentaban quemaduras solares. El equipo sanitario comenz� a atenderlos en cubierta.Entre ellos estaba Sadib, un hombre joven de Banglad�s. Antes de subir a aquel bote hab�a trabajado en Arabia Saud�. Su camino hacia Europa no empez� en una playa de Libia, sino mucho antes: con una oferta de trabajo en el Golfo, un contrato que pas� por varias manos y una deuda que su familia asumi� antes incluso de que �l saliera de casa. Para miles de personas de Banglad�s, Arabia Saud�, Catar o Emiratos �rabes Unidos son la primera salida. Viajan con pasaporte y contrato para trabajar en la construcci�n, la limpieza o los servicios. Esa migraci�n sostiene a muchas familias a trav�s de las remesas.Banglad�s depende en gran medida de esos mercados laborales. Arabia Saud� acoge a unos tres millones de trabajadores de ese pa�s y Catar a cientos de miles. Sobre el papel, la migraci�n est� regulada mediante acuerdos bilaterales que fijan condiciones laborales y garant�as. En la pr�ctica, muchos trabajadores quedan atrapados en deudas y en relaciones de dependencia.Antes de salir, pasan por una cadena de intermediarios que financian el viaje. El contrato puede ser legal, pero la deuda comienza antes de volar. Sadib entr� en ese circuito. Trabaj� en Arabia Saud� en la construcci�n de un edificio de oficinas para una empresa tecnol�gica. Cobraba entre 200 y 250 d�lares al mes, insuficientes para vivir y ayudar a su familia.LA 'KAFALA' SAUD�Durante un a�o no pudo disponer de ese salario, destinado a pagar la deuda del viaje. En Arabia Saud�, esa dependencia se articula a trav�s de la kafala, que vincula al trabajador con su empleador. Aunque ha sido reformada, persisten abusos como impagos, jornadas prolongadas o retenci�n de documentos.Sadib describe condiciones laborales y de alojamiento precarias. Dorm�a en naves saturadas, sin espacio ni higiene. En la obra sufri� un accidente que le dej� secuelas. �Fui un esclavo para mi patr�n�, afirma. Al terminar el contrato regres� a Banglad�s sin resolver la deuda. La experiencia en el Golfo no hab�a solucionado su situaci�n. Siguiente opci�n: Europa.El nuevo viaje costaba unos 4.000 d�lares, otra deuda para su familia. Recurri� a intermediarios conocidos como dalal, que organizan rutas, documentos y pagos. El trayecto puede comenzar de forma legal, pero termina bajo el control de redes de tr�fico de personas hasta embarcar en un puerto libio.Banglad�s se ha convertido en una de las principales nacionalidades de la ruta del Mediterr�neo central. Miles de personas llegan cada a�o a Italia desde Libia. Muchos parten con contratos hacia el Golfo y, cuando fracasan, entran en el circuito de los traficantes.A esa realidad se suma otra menos visible: la mortalidad de los trabajadores migrantes en los pa�ses de destino. Seg�n datos recopilados por la organizaci�n de retornados OKUP a partir de registros oficiales del Gobierno de Banglad�s, en 2024 se repatriaron 4.813 cuerpos de migrantes fallecidos en el extranjero, de los cuales 1.626 proced�an de Arabia Saud�. En 2023 fueron 4.552 (1.241 desde Arabia Saud�); en 2022, 3.904 (1.502); en 2021, 3.818 (1.295); y en 2020, 3.140 (1.882).Estas cifras solo incluyen los cuerpos que han sido oficialmente repatriados y registrados por las misiones diplom�ticas y el organismo estatal encargado, el Wage Earner's Welfare Board (WEWB). No existe un registro de quienes nunca regresaron. Seg�n denuncia OKUP, muchos certificados de defunci�n emitidos por los pa�ses de destino se�alan el �paro card�aco� como causa de muerte, sin investigaciones adicionales. Organizaciones de la sociedad civil han pedido reiteradamente autopsias independientes al llegar los cuerpos a Banglad�s, pero el Gobierno no ha atendido estas demandas por temor a perder acceso a los mercados laborales del Golfo.Para estas organizaciones, esta falta de investigaci�n refleja una vulneraci�n de derechos fundamentales y una falta de protecci�n hacia los trabajadores migrantes, en un contexto en el que pa�ses como Arabia Saud� siguen siendo acusados de no respetar plenamente sus derechos laborales.El precedente m�s cercano est� en Qatar. Durante los a�os previos al Mundial de 2022, la construcci�n de estadios, hoteles, carreteras y otras infraestructuras descans� sobre cientos de miles de trabajadores migrantes llegados del sur de Asia y de �frica. Una investigaci�n de The Guardian, citada despu�s por organizaciones de derechos humanos, document� que m�s de 6.500 trabajadores de India, Pakist�n, Nepal, Banglad�s y Sri Lanka murieron en Qatar entre 2011 y 2020. Amnist�a Internacional elev� el foco al conjunto del sistema y record� que las propias estad�sticas qatar�es registraban 15.021 muertes de personas no nacionales entre 2010 y 2019, sin que muchas de ellas fueran investigadas de forma suficiente.LIBIA, EL HORROR DE LAS 'GAME HOUSE'Libia es el �ltimo tramo. All�, los migrantes quedan retenidos en casas de espera, sometidos a amenazas, violencia y nuevas exigencias de dinero. Entre ellos se habla de game house: el �ltimo encierro antes del mar.Sadib lleg� tambi�n a ese punto. El Mediterr�neo fue el �ltimo tramo de una ruta marcada por la deuda y el trabajo precario. En 2025, al menos 2.185 personas murieron o desaparecieron en esta ruta, una de las m�s letales.Tras el rescate, Italia asign� el puerto de Savona para el desembarco, a m�s de 700 millas. El barco puso rumbo al norte, lo que implica varios d�as fuera de la zona de rescate.En cubierta, Sadib comparti� horas con otros paisanos. Hablaban de Arabia Saud�, del salario, de la familia y del dinero pagado. Preguntaban a los voluntarios en cubierta qu� encontrar�an al llegar a Italia. Una pregunta que solo tiene una �nica respuesta posible: �Todo va a ir bien�.