La industria vitivinícola argentina atraviesa un momento complejo. A la caída del consumo interno, la pérdida de rentabilidad y el aumento de los costos de producción se suma un dato que refleja la difícil situación del sector: en muchos casos, el envase de una botella de vino ya cuesta más que el vino que contiene. La advertencia fue realizada por referentes de la actividad, quienes sostienen que el incremento en el precio de las botellas de vidrio, las etiquetas, los corchos, las cápsulas y las cajas elevó considerablemente el costo del producto terminado. Como consecuencia, el valor del vino como materia prima representa una porción cada vez menor del precio final que paga el consumidor. De acuerdo con estimaciones del sector, en un vino de consumo masivo el contenido puede representar apenas entre el 20% y el 25% del valor final. El resto corresponde a impuestos, logística, distribución, comercialización y, especialmente, al packaging, cuyos costos crecieron de manera sostenida en los últimos años.
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