Cuarenta años después, todo es distinto. O no: algunas cosas no han cambiado desde aquel domingo 22 de junio de 1986 al miércoles 15 de julio de 2026 que se ganó su espacio en la historia del fútbol argentino a pura épica. Un triunfo 2-1 sobre Inglaterra para avanzar a la final del Mundial, después de estar en desventaja hasta el minuto 84. Del estadio Azteca al Atlanta Stadium, de 1986 a 2026. Este equipo argentino, acaso la mejor selección que haya visto nuestro país, merecía su propio 22 de junio, su victoria sobre Inglaterra en un Mundial, su triunfo sobre un rival clásico, ganarle a un campeón del mundo en los 90 minutos –el último éxito en ese contexto había sido el memorable 1-0 a Brasil, en 1990-. Lo merecían Messi, Scaloni, el Dibu, Enzo, todo este plantel argentino que regresa a una final, la tercera en las últimas cuatro copas del mundo.Porque este partido fue mucho más de lo que se esperaba. “Es sólo un partido de fútbol” era algo que podía pensarse o decirse en lo previo, pero antes, durante y después quedó claro que no, que nunca podía ser un encuentro más, al margen de la trascendencia competitiva de jugarse el pasaje a la final. Siempre iba a ser un choque especial. Se hizo evidente que no había manera de considerarlo apenas un partido cuando, en medio de los festejos, apareció en el campo de juego la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”.Los jugadores de la selección celebran con la bandera que menciona a las Malvinas (Photo by Paul ELLIS / AFP)PAUL ELLIS - AFP“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, es un cántico que se hizo carne en las últimas semanas. Contra Inglaterra, en un Mundial de fútbol... Por esa rivalidad que nació en el Mundial 1966, pasando por México, la dramática noche de Francia 98 y el desquite inglés de 2002 y, desde luego, por todos los antecedentes geopolíticos. Por lo menos desde este lado de la historia, no podía ser considerado un encuentro más. El duelo estuvo cargado de todo lo que correspondía a un Argentina-Inglaterra. Roces, cruces ásperos, tensión, drama, lamentos, celebraciones, sudor, las lágrimas de Lautaro, la emoción que encendió en todos los corazones en celeste y blanco, una remontada -una más- de un equipo que se acostumbró a pisar firme sobre la cornisa, y a generarse un respeto inmenso de parte de los rivales: apenas se puso 1-0, Inglaterra buscó refugio en su propio terreno. Un desarrollo algo distinto respecto de 1986, de aquel doblete histórico de Maradona, a las dos asistencias de Messi; de aquella selección que había viajado a México en silencio a este equipo que acudió a Norteamérica envuelto en el calor de millones de argentinos. La celebración de Lionel Messi, en andas de sus compañerosAníbal Greco / Enviado Especial - LA NACIONEsta Argentina también merecía ganarle a un candidato pesado, después de soportar críticas externas por vencer a adversarios de rango menor en la ruta a las semifinales. Tenía que ser un rival de los quilates de Inglaterra, una de las potencias. Una Argentina que, como muchas veces lo señaló Scaloni, aprendió a saber sufrir, a convertir los dientes apretados en una bandera, una muestra de su estilo. “Este equipo cuando mejor juega es cuando está en dificultades. Y cuando estamos en dificultades y el rival duda un poquito, olemos sangre y vamos”, dijo el DT sobre una selección siempre competitiva, capaz de agigantarse donde otros decaen.Esta Argentina resiliente, capaz de remontar lo que parece imposible –estuvo dos goles abajo ante Egipto hasta los 78 minutos, en desventaja ante Inglaterra hasta los 40 del segundo tiempo-, está de nuevo en una final del Mundial, dispuesta a seguir con la racha ganadora que empezó en Brasil 2021 y siguió con la Finalissima, Qatar y la Copa América 2024, también en los Estados Unidos. Otro dato que marca su presencia en las grandes citas.Lionel Messi y Diego Maradona, el hilo conductor de la selección argentina entre 1986 y 2026ANNE-CHRISTINE POUJOULAT - AFPY Messi también tuvo “su” partido contra Inglaterra. No hubo Mano de Dios, y en varias ocasiones quedó encerrado entre dos, tres, cuatro rivales. Pero apareció, cuándo no: a cinco minutos del final, frotó la lámpara para arrastrar las marcas y asistir a Enzo Fernández; en tiempo de descuento, con un centro ¡de derecha! para el cabezazo goleador de Lautaro. A los 39 años, lleva 8 goles y 4 asistencias en esta Copa del Mundo. Nada más que agregar.Este 15 de julio es también el 22 de junio para otros. Los futboleros más chicos, los menores de 40 y algo, los que vieron muchas veces la Mano de Dios y el Gol del Siglo en YouTube y escuchaban el relato de sus padres sobre las hazañas del Diego, los que habían esperado mucho tiempo una gran actuación mundialista hasta la epopeya de Qatar, los que soportaron el ciclo de 28 años –de la Copa América 1993 a la de 2021- sin coronaciones, los que se acostumbraron en los últimos años a celebrar. Ellos también necesitaban vivir un triunfo así sobre Inglaterra. Un miércoles destinado a entrar en la historia, una de esas jornadas en las que cada uno recordará dónde lo vio, dónde se sentó, cómo lo vivió, tal como muchos hoy aún llevan dentro suyo aquellas horas de El Partido en el Azteca; cada argentino, desde ayer, también llevará las poco más de dos horas inolvidables de la tarde de Atlanta en las retinas y dentro del corazón.Selección argentinaLionel MessiLionel Scaloni
Cuarenta años después: esta selección y Messi merecían su propia epopeya contra Inglaterra
Una victoria que entra en la historia, como aquella de 1986













