A simple vistaLos hijos... Se empieza por ayudarles a colorear las dos florecillas del dibujito a los cuatro a�os y se acaba por acompa�arles a la revisi�n de la oposici�nImagen de una oposici�n en Galicia.Actualizado Mi�rcoles,

julio

23:28Audio generado con IAEn un hilarante reportaje de Olga Rodr�guez Sanmart�n en estas p�ginas, la periodista de EL MUNDO contaba el nuevo (e inquietante) fen�nemo entre los padres de alumnos. Esto es: que el hijo que veintitantos suspenda una oposici�n y all� que vayan a reclamar la madre o el padre preguntando que c�mo es que le han puesto un cero al chaval. Contaban fuentes docentes: �Puso 'globo' con 'uve' muchas veces, pero se present� con sus progenitores�.La noticia viene al caso porque -bajo el lema de �Basta de ceros injustos�- esta misma semana ha habido una manifestaci�n paternofilial para quejarse de la escabechina de las oposiciones a maestro. Chicos que escriben �abances�, que escriben �surga�, que escriben �ollendo� y que quieren ense�ar a escribir, se excusaba la Consejer�a de Educaci�n de Asturias en la misma pieza. Como quien te dice: qu� quieres que hagamos, eh.De tal manera que uno comenzaba a leer el reportaje negando con la cabeza por la involuci�n de la familia en Espa�a y terminaba las �ltimas l�neas asintiendo: pues s�, claro. Va a ser que s�. Va a ser que, a lo mejor, les suspenden por esto.Se empieza por ayudarles a colorear las dos florecillas del dibujito a los cuatro a�os y se acaba por acompa�arles a la revisi�n de la oposici�n. Yo mismo conozco el caso de una madre que le hizo un trabajo al hijo en la carrera y el de un padre que le hizo los esquemas de Historia a la hija para la selectividad. En fin.En su Devaluci�n continua, Andreu Navarra cuenta el caso de una progenitora que se niega a firmar las notas de su hijo �porque no le gustan�. Reflexiona al respecto: �Un profesor consciente no admite suced�neos: exige una evaluaci�n ajustada y actividades orientadas a la emancipaci�n de sus alumnos. Confundir la pedagog�a con la terapia solo puede conducir a la extensi�n de la ansiedad y la ilusi�n del fracaso�. Y se/nos pregunta: ��Acaso no es la raz�n ilustrada el �nico bache con que se encuentran los poderes para doblegar la voluntad de las personas, para convertirlas en s�bditos?�.Pero en vez de meritocracia, hay facilismo.En vez de autorrealizaci�n, enga�o.En vez de autoexigencia, trampantojo.En el fondo, no debemos de haber cambiado tanto en casi un siglo. En su impagable Juan de Mairena (1936), Antonio Machado ya escrib�a sobre esto:�A veces recibi� la visita airada de alg�n padre de familia que se quejaba, no del suspenso adjudicado a su hijo, sino de la poca seriedad del examen. La escena violenta, aunque tambi�n r�pida, era inevitable.-�Le basta a usted ver a un ni�o para suspenderlo? -dec�a el visitante, abriendo los brazos con adem�n ir�nico de asombro admirativo.Mairena contestaba, rojo de c�lera y golpeando el suelo con el bast�n:-�Me basta ver a su padre!�.