El escritor de la Sènia, Joan Todó, en su libro Guía Sentimental del Delta del Ebro , desgrana su viaje particular por uno de los humedales más preciados del litoral mediterráneo. De la A a la Z, Todó describe cada municipio, la fauna y flora de la zona, los rincones que visitar, posibles rutas, las playas donde bañarse y un vasto patrimonio gastronómico, cultural y arqueológico. No es la única guía de referencia sobre el delta, un territorio que comparten orgullosos el Baix Ebre y el Montsià, pero el texto nos brinda una visión emocional de este rincón sureño vertebrado por un río que discurre por las cuatro comarcas que integran las Terres de l’Ebre. Es éste un lugar que se mide en experiencias, no en extensión, y cuya diversidad requiere también asimilar su profunda y a veces incomprensible naturaleza: de raíz e inequívoco espíritu catalán, aunque a medio camino de Aragón y València.Calles de Horta de Sant Joan iStockSean cuales sean sus gustos y aficiones turísticas, aquí abajo verán satisfechas sus expectativas. En estas tierras se funden el mar y la montaña en unos pocos kilómetros fáciles y rápidos de recorrer, pero pausados para disfrutar. La ruta en bicicleta de la vía verde de la antigua Val de Zafán ejemplifica esta amalgama de contrastes, desde la naturaleza agreste de los Ports de Horta de Sant Joan hasta la bahía de los Alfacs en La Ràpita. Un paisaje y una población, la de la Terra Alta, que cautivaron a un joven Picasso y le inspiraron para dar génesis al cubismo.En Terres de l’Ebre se funden mar y montaña en unos pocos kilómetros pausados para disfrutarLa Terra Alta, quizá una de las comarcas catalanas más desconocidas, es ideal para los amantes del enoturismo en torno a una denominación de origen abanderada por la garnacha blanca y las catedrales del vino de Gandesa y el Pinell de Brai. Con unos paisajes serenos alrededor de los Ports, las aguas del balneario de La Fontcalda, o un recorrido por las profundas cicatrices de la Batalla del Ebro, con el antiguo pueblo de Corbera d’Ebre como emblema de la memoria.Lee tambiénEn la Ribera y el Baix Ebre la vida se articula en torno al río, paseos en barca, actividades de pesca y sosegadas caminatas por sus márgenes. El castillo de Miravet es de obligada visita, recientemente remodelado y con autoguías en 3D. Tortosa exhibe un aclamado centro histórico con su catedral y sus edificios renacentistas como los Reales Colegios. Y de ahí, hasta el mar, apenas unos minutos.El Delta emerge ahora teñido de verde con su manto de arrozales, preparándose para la siega, y escenario perfecto para el avistamiento de aves. La costa del Ebro impresiona por sus dimensiones, con sus playas desiertas e interminables (Eucaliptos), las recogidas calas de l’Ametlla de Mar y las ventosas de Riumar para los amantes del wing y el kitesurf. Y la gastronomía. Exquisitos arroces y un marisco de sabor autóctono (canyuts de l’Ampolla o langostinos de La Ràpita) que, regado con un Terra Alta, serán el perfecto colofón a su estancia.