Opinión
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Aleph La pobreza es la peor forma de violencia, dijo Gandhi.
A nuestra institución llegó una niña del Quiché. Doce años, maya, abusada, analfabeta, en situación de extrema pobreza, hogar monoparental, casa con piso de tierra, sin acceso al agua potable. ¿Qué priorizamos para atenderla? Todo, simultánea e integralmente, porque alguien que vive en situación de pobreza no solo enfrenta la falta de ingresos, sino que, además, enfrenta otras violaciones a sus derechos humanos e inequidades en el acceso a servicios y capacidades básicas, que le impiden desarrollarse plenamente, con libertad y dignidad.
De observar realidades como esta, surge el índice de pobreza multidimensional (IPM), una meta de desarrollo internacional que permite medir en cada país la pobreza, con base en criterios definidos por expertos en la materia. “Yo, cuando veo este porcentaje de incidencia de pobreza en Guatemala, me pregunto desde hace cuánto lo sabíamos(…); la medida estandarizada de Guatemala la sabemos hace 26 años. Pero hace más o menos 50, conocíamos(…) esos umbrales entre un 44% y un 50% de incidencia de pobreza(…). ¿Qué hicimos en 50 años con esa información? ¿Qué hicimos en 26 años, sabiendo que el 57% de nuestra población vive en condiciones de pobreza? En realidad, la estadística tiene sus límites(…) ante un modelo económico cada vez más agotado(…) Tengo que pasar herramientas(…) que me permitan ver de manera más granular”.











