Pluma invitadaMejores casas no significan comunidades menos pobres.

Hace unos días, mientras recorría algunas comunidades de Sacapulas, Quiché, algo me llamó la atención. En territorios donde persisten condiciones de pobreza, cada vez es más frecuente encontrar viviendas de block y casas de dos niveles que contrastan con caminos de difícil acceso, servicios básicos limitados y carencias cotidianas.

La imagen plantea una pregunta: ¿estamos frente a poblaciones que están dejando atrás la pobreza o estamos viendo una transformación en la forma en que la pobreza se manifiesta?

Las remesas ofrecen una posible explicación. En 2025, Guatemala recibió US$25 mil 530 millones, un aumento de 18.7% respecto de 2024. El Banco de Guatemala señaló que este comportamiento estuvo respaldado, entre otros factores, por el envío de ahorros “por motivo de precaución”, asociado al endurecimiento de la política migratoria en Estados Unidos.

Este dato resulta relevante porque la incertidumbre migratoria podría estar modificando el comportamiento económico incluso antes de que aumenten las deportaciones. Ante una mayor percepción de riesgo, muchas personas migrantes deciden enviar sus ahorros, comprar un terreno, terminar una construcción o invertir en una vivienda. Esto no significa que cada nueva construcción sea consecuencia del reciente incremento de las remesas, pero sí muestra cómo la incertidumbre puede acelerar decisiones de ahorro e inversión.