Apenas terminado el partido en Atlanta, con un marcador de 2 a 1 gracias a los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez en los minutos finales, el Obelisco empezó a llenarse de hinchas que llegaron para celebrar el pase de la Selección a la final del Mundial 2026. La policía porteña había desplegado vallas alrededor del monumento desde la mañana para prevenir desmanes en el epicentro tradicional de los festejos futboleros, y también dispuso el corte de tránsito en las calles adyacentes apenas terminó el encuentro, un operativo inusual y el primero de este tipo montado para un partido de este Mundial. La escena, sin embargo, no tardó en desbordar cualquier previsión: miles de personas con banderas y camisetas de la Selección volvieron a teñir de celeste y blanco la zona, mientras sonaban bombas de estruendo, cornetas y el infaltable “El que no salta es un inglés”, que ya se había convertido en el cántico emblema de esta revancha desde la clasificación a semifinales. El cielo porteño se llenó de fuegos artificiales y la avenida 9 de Julio quedó, una vez más, colmada de una marea humana. El propio Lionel Scaloni le envió un mensaje al país apenas terminado el partido: “Este grupo no deja de sorprenderme”, agradeciendo el acompañamiento de la gente en cada instancia. El festejo no puede dejar de asociarse al valor simbólico que adquirió el partido. Argentina ganándole a Inglaterra tiene inevitables asociaciones posibles que lo vinculan a la política.
El Obelisco fue el centro de una misa popular a la que asistió una multitud
Tal como suele suceder en la tradición política y deportiva argentina, el Obelisco fue la sede de festejos casi desde el mismo momento en el que 2 a 1 se concretaba. Banderas argentinas y camisetas de la selección fueron el eje una fiesta multitudinaria. Si en diciembre de 2022 se juntaron cinco millones de personas en la calle, aquí se vivió la antesala de lo que puede ser la reunión más importante de la historia. Nuevamente, el fútbol actúa como un eje de felicidad en una sociedad que vive momentos desafiantes y padecimientos económicos: por el eso el grito y también el desahogo.












