Lourdes Beneria (Vall de Boí, 1937) lleva toda la vida siendo una pionera sin proponérselo. Nació en un valle del Pirineo leridano y estudió en una época en que muy poca gente lo hacía y menos las mujeres. Escogió Economía cuando se acababa de estrenar una nueva facultad en Barcelona y solo ella y otra alumna acabaron la carrera. El resto de los licenciados eran hombres, algo que en esos tiempos era habitual. Ellos eran mayoría entre el alumnado y aún más entre el profesorado.
Pasó por Francia e Inglaterra antes de obtener la beca Fulbright que le permitió trasladarse a Estados Unidos. Más tarde es ahí donde se hizo un nombre como docente. Pronto descubrió que, como en tantas disciplinas, las mujeres éramos invisibles en estudios y estadísticas. “El trabajo doméstico, los cuidados o el empleo informal de muchas mujeres existían, pero quedaban fuera del relato económico dominante”, explica.
Beneria rememora su trayectoria sin querer darle importancia, pero sus trabajos, recogidos en decenas de artículos y libros, la han convertido en un referente de la economía feminista. Hablaba de desigualdad de género cuando prácticamente nadie sabía qué era o de la importancia de que el sector público invierta en políticas de cuidados cuando los debates iban por otro lado. Tuvo conciencia ecologista también muy pronto. En eso también fue una pionera.






