Se cumple una semana del devastador incendio de Los Gallardos en Almería. Aunque sigue activo, se encuentra ya estabilizado. Con alrededor de 7.000 hectáreas arrasadas por las llamas –equivalente a 9.800 campos de fútbol–, el balance deja 13 personas fallecidas, ocho heridas –cuatro de ellas por quemaduras graves– diez denuncias por desaparición y más de 1.400 personas evacuadas. Las cifras han dejado sin palabras a la población, que en buena medida se pregunta qué se puede hacer frente a esta clase de eventos. ¿Y si el fuego no pudiera con la población? ¿Qué pasaría si la ciudadanía supiera cómo convivir con el fuego y enfrentarse a sus focos?PublicidadEn realidad, este es en parte un conocimiento olvidado, según indica a Público Anna Badia, geógrafa de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). La investigadora recuerda que hubo "un cambio socieconómico en la segunda mitad del siglo XX". Este consistió en un éxodo rural hacia las ciudades como consecuencia del desarrollo de empleos basados en la industria y los sectores secundarios y terciarios. Esto, recalca Badia, ha supuesto transformaciones sobre el paisaje y sobre la manera en la que las personas se relacionan con el mismo.Esto no atañe solo a los pueblos o zonas alejadas de las ciudades. "Cada vez hay más territorios expuestos a los incendios forestales, entonces los incendios han dejado de ser un problema solo para la zona rural, ya que afectan a numerosas urbanizaciones y a zonas residenciales que están en contacto con bosques o con terrenos donde hay mucha vegetación", explica a este medio Maria Cifre, antropóloga de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) especializada en los dominios social, histórico y ambiental del fuego. "Esto es lo que llamamos las zonas de interfaz urbano-forestal".Sobre las diferentes relaciones de la ciudadanía con el entorno que menciona Badia, Cifre apunta que "hay barrios barrios que quizás son relativamente nuevos, no muy estabilizados, donde quizás los vecinos no tienen vínculos comunitarios fuertes, la gente no se conoce o no conoce el territorio". También sería el caso de las segundas residencias, donde la presencia es discontinua: "Están allí los meses de verano, que es cuando más riesgo hay, y desaparecen en invierno, que es cuando más tareas de prevención se pueden hacer".Las características del entorno son ahora diferentes, lo cual facilita la propagación de grandes incendios forestales. También las dinámicas de los habitantes son distintas en la actualidad. Esto supuso una "transición forestal", apunta Badia: usos distintos del suelo que conllevaron una mayor conectividad de la vegetación ignífuga y menos cortafuegos naturales. Todo ello se convierte en un cóctel, agitado por la crisis climática y el estrés hídrico, que facilita escenarios como el vivido en Almería la semana pasada. El quid de la cuestión es cómo nos hacemos cargo de las nuevas circunstancias.PublicidadLa corresponsabilidad ciudadana ante el fuego"Las recientes olas de calor en toda Europa han contribuido a secar la vegetación, lo que ha hecho que los combustibles sean más inflamables", explica al SMC UK María Barbosa, científica especializada en incendios forestales en el Centro Británico de Ecología e Hidrología (UKCEH). Por esta razón, la experta considera fundamental "garantizar que las personas que viven en zonas de alto riesgo sepan cómo prepararse y actuar. A medida que aumenta el riesgo de incendios forestales en muchas regiones, la creación de comunidades más resistentes al fuego será una de las formas más eficaces de reducir los impactos futuros".Lourdes Hernández, experta en incendios forestales de WWF, señala a este diario que "las autoridades locales y las comunidades autónomas tienen un papel fundamental para que las zonas de interfaz urbano-forestal sean seguras". No obstante, matiza que "también debemos apelar a la responsabilidad ciudadana". Coincide con ella Cristina Santín, investigadora del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB-CSIC): "La coexistencia y la corresponsabilidad son claves". Para la científica, el primer paso para contar con una población empoderada capaz de hacer frente a los incendios es "la concienciación". De este modo, las vecinas y vecinos podrán "demandar esta necesidad de información".La experta del IMIB-CSIC expresa que las catástrofes naturales a menudo sirven para introducir esta concienciación. "El 2022 ya nos dijo: 'Oye, que esto va en serio'. El año pasado lo corroboró con 42.000 evacuados", declara. Aunque sea por desgracia, dice Santín, "tenemos que aprovechar la reactividad". De todos modos, añade que no vale solo con eso, sino que también debe haber una "proactividad" por parte de la ciudadanía.PublicidadProtocolos de autoprotección y un giro culturalEn la misma línea se expresa Hernández, quien propone un cambio de paradigma. "Hace años decíamos que los incendios del futuro no iban a garantizar la seguridad de las personas, y lo vemos ya. Debemos pasar de la cultura de la emergencia a una cultura de la percepción del riesgo y la prevención. Los habitantes de las zonas de interfaz urbano-forestal se deben convertir en agentes activos para la reduccion de este riesgo", defiende.Lourdes Hernández, experta en incendios forestales de WWF: "Debemos pasar de la cultura de la emergencia a una cultura de la percepción del riesgo y la prevención"Entre las informaciones que la ciudadanía puede demandar a las instituciones, se encuentran los protocolos de autoprotección. Hernández destaca que los ayuntamientos y zonas en contacto con lo forestal –municipios, urbanizaciones o incluso casas aisladas– "por ley" están obligados a tener planes de autoprotección. Pese a ello, lamenta que a día de hoy la mayoría no estos planes o no están definidos. "A partir de ahí, hay un camino necesario para mejorar la percepcion del riesgo", comenta. Esto pasa por desarrollar campañas permamentes, que se informe a la ciudadanía sobre la exposición al riesgo o la vulnerabilidad del entorno concreto.El conocimiento que se desprende de este tipo de medidas permiten comprender mejor el lugar que las personas habitan. Por ejemplo, permite saber cuáles son "las franjas de seguridad alrededor de la cual no tener vegetación, o qué especies tener alrededor del seto para que este no arda y proteger la vivienda", ilustra Hernández. Asimismo, un protocolo claro es útil "para saber cuándo evacuar o cuándo aislarse". Por último, la de WWF también demanda sistemas de alerta fáciles de entender y puntos identificados a los que la población pueda dirigirse.Fuentes oficiales frente a la desinformaciónCabe puntualizar, como recuerda Santín, que en el mismo incendio de Los Gallardos hubo zonas donde se declaró la evacuación y en otras el confinamiento. Esto se debe a que las casuísticas son muy diversas y cada escenario concreto requiere un modo de actuación ad hoc. La investigadora del IMIB-CSIC subraya la importancia de atender a las fuentes oficiales, como Protección Civil, ayuntamientos o entidades similares. "Lo que vemos es que mucha gente desobedece las órdenes de evacuación", expone.La experta de WWF se expresa en la misma línea: "Los medios juegan un papel clave a la hora de no divulgar desinformación o bulos.". Por esta razón, Hernándes también recomiendaa la ciudadanía "que se guíe por las fuentes oficiales". Prestar la atención adecuada a las instituciones pertinentes pueden marcar una diferencia clave en el desarrollo de una emergencia como la que suponen los incendios.