A simple vista, las Lagunas de Ambroz, un espacio de 678 hect�reas en el este de Madrid, entre San Blas-Canillejas y Coslada, parecen el escenario perfecto para resolver tres de las grandes urgencias de la capital: la necesidad de vivienda, el suministro de minerales y la creaci�n de �reas verdes. El ecosistema actual naci� de forma espont�nea hace 19 a�os al inundarse las antiguas canteras por el par�n de la miner�a y ahora es un tablero de intereses. En esta disputa, la balanza se ha inclinado, por ahora, a favor de la explotaci�n, y las excavadoras ya han regresado al terreno tras obtener el permiso definitivo de la Comunidad.Gran importancia ecol�gica Nadie se esperar�a que a un paso del estadio del Atl�tico, y de las zonas residenciales del este, se escondiera una aut�ntica mina de oro, debido al valor de su subsuelo y a su riqueza ecol�gica. Lo que comenz� en 1977 como una explotaci�n a cielo abierto de sepiolita gestionada por la empresa Tolsa es hoy el coraz�n de un enfrentamiento pol�tico, vecinal y corporativo. Al frenar la extracci�n en 2007, el agua subterr�nea inund� los huecos de las canteras de forma natural, dando paso a una renaturalizaci�n espont�nea que ha transformado por completo el paisaje y ha abierto un debate de dif�cil soluci�n.La extensi�n de la masa de agua que recubre el hueco minero.Alberto di LolliPara el Grupo de Trabajo de Ambroz, conformado por asociaciones vecinales, Ecologistas en Acci�n, WWF y Greenpeace, el espacio constituye un refugio ecol�gico crucial y un amortiguador t�rmico natural contra "la isla de calor urbana". Bas�ndose en muestreos realizados entre 2010 y 2022, el estudio Los ecosistemas de Las Lagunas de Ambroz y su entorno detalla un mapa de m�s de 1.700 especies, entre las que destacan al menos 124 de especial adaptaci�n. El inventario biol�gico aportado por estos colectivos registra 1.080 especies de invertebrados, incluyendo 11 potencialmente nuevas para la ciencia, la presencia del saltamontes Saga pedo, en peligro de extinci�n, y del caballito del diablo. Asimismo, se identifican 156 especies de aves que visitan o viven en el humedal, incluyendo ejemplares de �guila imperial ib�rica y buitre negro, destacando la nidificaci�n de 239 parejas de avi�n zapador. Miguel �ngel Garc�a de la Concha, coordinador del Grupo de Trabajo, advierte de que la reactivaci�n de esta explotaci�n a cielo abierto se sit�a a escasos metros de viviendas, centros escolares y polideportivos, lo que a su juicio supone "un problema de salud p�blica debido a la exposici�n prolongada al polvo de sepiolita".Los vecinos de la zona manifest�ndose en contra de las minas.EL MUNDOLos colectivos denuncian p�blicamente que las labores recientes de la maquinaria pesada ya han afectado a colonias de cr�a de avi�n zapador en plena �poca de reproducci�n, lanzando una advertencia sobre las consecuencias de la actividad: "Hay un riesgo de p�rdida irreversible de los valores ambientales de la zona si no se act�a ya". Por ello, exigen que el suelo pase a ser catalogado como no urbanizable con protecci�n ecol�gica bajo la propuesta de crear la Casa de Campo del Este.La explotaci�n mineraPor su parte, la empresa Tolsa y sus directivos defienden que la zona nunca ha sido un paraje natural original, sino una �rea minera industrial con laderas de arcilla y pendientes de hasta 25 metros de profundidad. Desde la compa��a se subraya el "riesgo de seguridad p�blica que entra�a el acceso ilegal de ba�istas", habi�ndose registrado ya tres accidentes mortales en la �ltima d�cada tras vulnerarse los vallados, por lo que consideran urgente iniciar el proyecto de explotaci�n final y restauraci�n planificada para corregir estas deficiencias. La se�alizaci�n en la zona indicando la peligrosidad del ba�o en la laguna.Alberto di LolliLa firma recalca el valor estrat�gico del yacimiento, que alberga vetas de sepiolita de m�xima pureza, referencia mundial, un mineral en el que Espa�a mantiene una posici�n de dominio en el mercado global. Tolsa aclar� que el material extra�do se destina a aplicaciones tecnol�gicas avanzadas desarrolladas por su departamento de I+D en Madrid, tales como �nodos para bater�as de veh�culos el�ctricos y cables ign�fugos de altas prestaciones para infraestructuras ferroviarias, sosteniendo un volumen de unos 700 empleos directos. Respecto a la forma de trabajo, la empresa descarta el uso de qu�micos o explosivos y explican que se emplea una miner�a de transferencia que "avanza rellenando y restaurando los huecos de manera progresiva", manteniendo una l�mina de agua permanente para asegurar la continuidad del sistema acu�tico y evitar la desecaci�n del entorno.Desde la direcci�n t�cnica, Francisco de Juan, director de Sostenibilidad de Tolsa, recalca la importancia del proyecto cient�fico de recuperaci�n frente al estado silvestre del entorno: "No se trata de meter camiones para taparlo, sino de aplicar el concepto de construyendo para la naturaleza". Uno de los huecos mineros en el que se trabaja actualmente.Alberto di LolliEn sinton�a con esto, Louw Wildschu, ingeniero ambiental y asesor de la firma, califica de "inestable hidrol�gicamente" el estado actual de las lagunas, argumentando que el nivel del agua sube de forma descontrolada e impide la consolidaci�n de vegetaci�n estable, adem�s de se�alar que las laderas verticales actuales dificultan la nidificaci�n fija.Tolsa propone aplicar t�cnicas de ingenier�a ambiental para suavizar las pendientes y dise�ar un h�bitat definitivo que se integrar� en el futuro parque periurbano, estimando la finalizaci�n de los trabajos y la entrega del terreno en el a�o 2037, coincidiendo con el vencimiento de la nueva concesi�n de 11 a�os.La adminstraci�n p�blicaEl conflicto se encuentra condicionado por las competencias de las administraciones regionales y municipales. La Comunidad de Madrid, a trav�s de la Direcci�n General de Transici�n Energ�tica y Econom�a Circular, ha otorgado la pr�rroga minera alegando que �el Gobierno regional no dispone de argumentos legales para impedir la explotaci�n minera�. Asimismo, desde el �rea de Medio Ambiente aclaran que el vaso de excavaci�n actual no cumple los requisitos para ser un humedal protegido y que entra�a problemas de seguridad, pero, matizan, que tras finalizar la explotaci�n en 2037 el plan de restauraci�n prev� reconfigurar el espacio hacia un ecosistema lagunar estable y compatible con el uso p�blico.Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid mantiene una planificaci�n vinculada al desarrollo urban�stico de la zona. Aunque en marzo de 2018 el Pleno de la Junta del distrito de San Blas aprob� por unanimidad instar a la protecci�n del paraje y a la modificaci�n del Plan General de Ordenaci�n Urbana, dicha iniciativa no se tradujo en una modificaci�n del planeamiento. El �rea de Urbanismo prioriza el desarrollo del sector Nueva Centralidad del Este, que proyecta la edificaci�n de m�s de 18.000 viviendas (el 50% con protecci�n p�blica) y un campus tecnol�gico de 43 hect�reas. El consistorio sostiene que el humedal actual se reducir� a 130 hect�reas de zonas verdes que quedar�n integradas en el Bosque Metropolitano.Con las licencias concedidas y la maquinaria en el terreno ya, la controversia se traslada ahora a los cauces legales y administrativos. Mientras las asociaciones ciudadanas y ecologistas alertan de un impacto irreversible y preparan nuevas acciones judiciales frente al avance de los trabajos, la Fiscal�a Provincial de Madrid ha abierto diligencias de investigaci�n preprocesal contra la empresa Tolsa por presuntos delitos medioambientales tras una denuncia de la Federaci�n Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid, que alerta del impacto de la maquinaria pesada sobre las colonias de cr�a del avi�n zapador y otras especies. La cadena humana de los vecinos el 27 de junio.EL MUNDOEste paso judicial llega tras la multitudinaria cadena humana que el pasado 27 de junio reuni� a miles de personas para rodear la Laguna Grande. En este escenario de tensi�n, la direcci�n de la compa��a minera intenta rebajar el conflicto y tiende la mano a las asociaciones: "Tolsa est� abierta a hablar con los vecinos para dise�ar juntos el futuro parque". El debate permanece abierto entre la demanda de protecci�n del ecosistema y la ejecuci�n de un plan industrial .