Una de las preguntas recurrentes desde la noche de los tiempos es precisamente por la naturaleza misma del tiempo. Y de ah�, esa obsesi�n por doblegarlo, medirlo y encapsularlo con todo tipo de aparatos, relojes, cron�metros, cron�grafos y despertadores. Henri Bergson, sin embargo, estaba en contra. Y con �l, sin ir m�s lejos y por riguroso orden de llegada, Homero, los hermanos Lumi�re y, ya que estamos, Christopher Nolan. Hay m�s, pero estos son los que nos incumben ahora. Para el pensador con una tendencia natural a disentir es un error tratar al tiempo como si fuera espacio y desde ah� creer -como generalmente creemos, por otra parte- que se trata simplemente de una l�nea continua sobre la que se ordena pasado, presente y futuro de atr�s a adelante o de abajo a arriba. Espacialmente, por tanto. Para �l, el tiempo es m�s bien duraci�n, duraci�n pura; un flujo no fracturable en el que el pasado se funde con el presente y se manifiesta en ese mismo instante en el que no somos siquiera capaces de definir el mismo tiempo... y dudamos. Si el tiempo es algo no es m�s que, en efecto, ese momento de duda y, apurando, de libertad.Dec�amos que Bergson no est� solo. Homero, los Lumi�re y Nolan le apoyan. Los tres, queriendo o no, son los responsables de La Odisea, la �ltima pel�cula del �ltimo de ellos que no es m�s que una nueva lectura de la historia fuera del tiempo que redactara 3.000 a�os atr�s el primero, pero esta vez trasladada a esa rara forma de duplicar la realidad abstray�ndola del mismo tiempo que patentaran los segundos hace algo m�s de un siglo. Tiempo sobre tiempo. El argumento es conocido: se cuenta la historia del hombre que, en palabras de Borges, "al cabo de 10 a�os de errar por mares peligrosos y de demorarse en islas de encantamiento, vuelve a su �taca". Nada m�s. Pero lo que cuenta no es lo que se cuenta sino el mismo cuento (el viaje que no es destino, que dir�a Kavafis); es decir, el instante en el que, ante los ojos sorprendidos del espectador, el presente y el pasado se funden en la recreaci�n subyugante, enfebrecida, hipn�tica y completamente in�dita de todos y cada uno de los lapsos de duda de un hombre -un h�roe, dicen-, de todos los momentos en que el tiempo se vuelve tiempo. Nada m�s. "No busqu�is dioses en los hombres", afirma atravesado por su propia duda el propio Ulises. Y le creemos.Para saber m�sNolan de alguna forma retoma buena parte de las obsesiones que han perseguido su cine. De nuevo, el tiempo se convierte en protagonista, pero de forma a�n m�s gr�fica y evidente que nunca antes. El director rinde justo y evidente homenaje a Homero, el precursor -admitido por el propio Nolan- de pel�culas como Memento o Tenet pasando por Inception o Interstellar donde la narraci�n se enrosca sobre s� misma en relatos dentro de relatos que quiz� son sue�os dentro de sue�os, donde lo narrado avanza del derecho y del rev�s, y donde todo lo ocurrido no es m�s que el espejo de lo que acabar� por suceder. Eso es La Odisea. De nuevo, como si de una continuaci�n de Oppenheimer se tratara, asistimos a la vida de un hombre cuya �nica salvaci�n pasa por la condena de una civilizaci�n entera. Y, de nuevo, toda la pel�cula est� narrada desde dentro de la acci�n misma, desde la cabeza y los b�ceps de su protagonista, desde el poder tel�rico, adem�s de simplemente t�cnico, de la c�mara IMAX entregada en sacrificio a una experiencia cinematogr�fica son�mbula sostenida por la banda sonora oce�nica y abisal de Ludwig G�ransson (memorable) y la fotograf�a hirientemente naturalista de Hoyte van Hoytema.El presente y el pasado se funden en la recreaci�n subyugante, enfebrecida, hipn�tica y completamente in�dita de todos y cada uno de los lapsos de duda de un hombreLa cinta arranca, como toca, con el desastre ya cumplido. In media res. Todo discurre en tres escenarios entrelazados que hablan de: a) un largo asedio vencido con la m�s improbable de las artima�as; b) de un viaje plagado de gigantes, monstruos, encantamientos, tentaciones, peligros y espejismos, y c) de un palacio donde los m�s cobardes entre los poderosos -que tambi�n son los m�s poderosos de los cobardes- acosan a la mujer del rey que no regresa. Todo a la vez en un virtuoso ejercicio de tiempo suspendido en el mismo instante de una duda. Toda la propuesta de Nolan aparece apabullante sobre la pantalla y, a la vez, amenazadora desde el recuerdo de cualquier espectador que, lo quiera o no, tambi�n fue lector (se haya le�do o no La Odisea, el caballo posee la fuerza ic�nica de los mism�simos molinos en El Quijote). Se ve al mismo tiempo la proyecci�n que fluye sin ruptura sobre la retina y la que avanza sobre la memoria. Y as�, los can�bales de los lestrigones, el c�clope Polifemo, la hechicera Circe (a la que interpreta Samantha Morton en el m�s brillante de todos los episodios junto al paso por Escila y Caribdis) o la ninfa Calipso (Charlize Theron) se enfrentan, aman o enga�an no solo a Ulises sino a cada uno de los recuerdos de la propia audiencia.Un momento de La Odisea.Lo que queda es experiencia cinematogr�fica son�mbula sostenida por la banda sonora oce�nica y abisal de Ludwig G�ransson (memorable) y la fotograf�a hirientemente naturalista de Hoyte van HoytemaMatt Damon, el �nico Odiseo posible desde ahora, se entrega en una calculada exhibici�n de m�sculo, conciencia acosada y amor torturado. Lejos de la afectaci�n de Cillian Murphy en Oppenheimer, su trabajo es pura visceralidad, energ�a y, de nuevo, duda. El tiempo otra vez. A su lado, destacan tanto la emoci�n de una Pen�lope insuperable en la espiritualidad, que tambi�n es delgadez m�stica, encarnada por Anne Hathaway y la brillante y desmedida maldad de un Robert Pattinson en la piel del pretendiente Ant�noo. Y no lejos, la mejor y �nica Helena de Troya imaginable a partir de ahora y para siempre: Lupita Nyong'o. Lo de Tom Holland como Tel�maco admite debate.Bien es cierto que en su vocaci�n de contarlo todo, de hacer coincidir relato imaginado y relato proyectado, dig�moslo as�, la pel�cula se descompensa por momentos y, como no pod�a ser otro modo, se vuelve entre err�tica y ruidosamente descriptiva. Se antoja inevitable no caer en la tentaci�n casi infantil de juzgar uno a uno los episodios m�s sorprendentes contra los que menos y aqu�, sin duda, pierde el pobre Polifemo y gana, ya se ha dicho, Circe. Aunque en realidad, lo admirable e irreprochable corre del lado de otorgar y lograr una mirada nueva al m�s antiguo de los relatos desde la emoci�n m�s �ntima de un hombre derrotado. S�, derrotado por su arrogancia pese a lucir la m�s brillante y recordada de las victorias.Manten�a Bergson que el pasado nunca desaparece, que siempre empapa la percepci�n del presente otorg�ndonos la capacidad de decidir nuestro propio futuro. �l lo dec�a de cada uno de nosotros y La Odisea, el texto y de nuevo la pel�cula, lo dice sobre todos nosotros, de todos como espectadores contempor�neos de Homero. Por cierto, no fue somero el escritor de La Odisea.--Director: Christopher Nolan. Int�rpretes: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Zendaya, Charlize Theron, Lupita Nyong'o. Duraci�n: 172 minutos. Nacionalidad: Reino Unido.
La Odisea: Christopher Nolan ampl�a la lista de maravillas del mundo antiguo (*****)
Una de las preguntas recurrentes desde la noche de los tiempos es precisamente por la naturaleza misma del tiempo. Y de ah�, esa obsesi�n por doblegarlo, medirlo y encapsularlo...











