El Foro Internacional por la Cultura Palestina, celebrado en Madrid, pone el foco en la creación como preservación de la memoria y la identidad de un pueblo, en medio de una gran abundancia de productos culturales desde y sobre Palestina

“Sentimos la ausencia de muchas voces palestinas, escritores y escritoras, que han sido masacradas durante estos tres años”, comenzó el poeta palestino Mohamad Bitari antes de recitar dos textos, en árabe y castellano, sobre su madre —nuestras madres— y su abuela —nuestras abuelas—. Es decir: sobre la memoria. Bitari nació en el campo de refugiados de Yarnouk, en Siria, porque su familia huyó de Nazaret durante la Nakba, en 1948, cuando se fundó el Estado de Israel. Estudió Filología Hispánica en Damasco y se exilió a Barcelona tras la persecución del gobierno sirio por sus trabajos periodísticos críticos con el gobierno de Bachar el-Asad. Ahora escribe, traduce, tiene una editorial, Éter Edicions. Es una muestra de la cultura palestina, la que sucede en Palestina o allí donde moran los palestinos fuera de su tierra, por todo el mundo.

La cultura puede ser muchas cosas, pero si se habla de Palestina es fácil verla como un acto de resistencia, de memoria, de preservación de la identidad de un pueblo. A este asunto se dedica el Foro Internacional por la Cultura Palestina, al que los poemas de Bitari dieron inicio, que se celebra esta semana en Madrid y que tiene dos patas: un Ágora Ciudadana, organizada por el Ministerio de Cultura, y una Conferencia Ministerial, en cuya organización se une el Ministerio de Cultura palestino y en el que más de 30 delegaciones internacionales firmarán una declaración para la reconstrucción de la cultura palestina. Los ataques a la cultura palestina, se entiende en este Foro, no son daños colaterales, sino una forma deliberada de cancelación de lo palestino. Y de su futuro.