Durante muchos años, el sector del iGaming se desarrolló siguiendo un modelo relativamente sencillo: los operadores trataban de entrar en nuevos mercados lo antes posible, captar clientes y afianzarse en ellos antes que la competencia.
La situación comenzó a cambiar a medida que más países desarrollaban sus propios marcos normativos. Los requisitos de licencia, las normas de protección de los jugadores, las obligaciones de información financiera y los mecanismos de supervisión pasaron a ser parte integral del funcionamiento de una gran empresa internacional de juegos de azar. Para las empresas, esto supuso una inversión adicional, la mejora continua de los procesos internos y la adaptación de los productos a los requisitos de cada jurisdicción.
Como consecuencia, muchos participantes en el mercado siguen considerando que la concesión de licencias es un factor que frena el desarrollo. Sin embargo, el periodo posterior a 2020 supuso un punto de inflexión para el sector. A medida que los mercados maduraban en todo el mundo, quedó claro que, si bien la concesión de licencias puede complicar la entrada en el mercado, también crea las condiciones necesarias para unas operaciones sostenibles a largo plazo.













