Arroz, carne picada y, si hay suerte, un poco de brócoli: eso es el boy kibble (“pienso de chico”, en su traducción literal), el plato viral que ha conquistado los vestuarios y los móviles de la generación Z. Su nombre lo dice todo: es la versión humana del pienso para perros.La tendencia nació en TikTok y se está propagando en los últimos meses como proteína en músculo: millones de visionados, miles de tuppers fotografiados y una filosofía sencilla: máximas proteínas, mínimo esfuerzo, poquísimo dinero.La expresión boy kibble se usa en los países anglosajones (The Guardian publicó a finales de marzo un artículo sobre esta tendencia), para nombrar la comida poco sofisticada (tipo pizza congelada, nuggets, cereales azucarados, ramen instantáneo, etc.) que los hombres jóvenes suelen comer para no complicarse la vida. Visto con esos ojos, es un término burlón que circula por las redes sociales para referirse al estereotipo de hombre que no sabe cocinar, ni tampoco le importa.Como nota a pie de página, el boy kibble surgió también como contrapunto humorístico de otra etiqueta viral en TikTok, el girl dinner o comida de chicas, consistente en cenar un trocito de queso, dos palitos de zanahoria con hummus, un yogur y ocho o nueve uvas. Hablamos de los picoteos informales que, según la prensa inglesa, preparan algunas mujeres cuando están solas y no quieren perder ni un minuto con la cena. Sus defensoras lo celebran como una forma de liberarse de la expectativa patriarcal de que ellas dediquen horas a cocinar comidas muy laboriosas para el resto de miembros de la familia, pero sus críticos no se muerden la lengua al señalar que este tipo de ágape refuerza la idea de que las mujeres no deben de comer tanto como los hombres. Visto así, si la “cena de chica” es sinónimo de minimalismo estético y porciones pequeñas, la “comida de chico” sería lo opuesto: un cuenco generoso, cargado de proteínas y sin ninguna pretensión visual.Vegetales crudos con salsa tzatzikiGetty ImagesDiego Clemente es un joven vallisoletano que reconoce haber comido durante años arroz hervido con pollo buscando más “la funcionalidad que la exquisitez”, según explica. Sin embargo, desde que se adentró en el culturismo natural (una disciplina de desarrollo muscular basada exclusivamente en el entrenamiento de fuerza, que reniega del consumo de anabolizantes y sustancias dopantes) ha aprendido a añadir verduras a sus platos “para que tengan más sabor y vida y no terminar cansado de comer siempre lo mismo”, desvela.“Entre algunos deportistas existe la idea de que cuanto más plana sea la comida y menos sabor tenga, mejor”, empieza diciendo este licenciado en Filosofía. “También existe toda una cultura del macronutriente, pero muy pocos se fijan en los micronutrientes, es decir, en las vitaminas, minerales y fibra”, prosigue. “Pero, para adherirse a una dieta y poder mantenerla en el tiempo, es imprescindible la variedad”, salpimienta.Cuando hace unos años Clemente se aficionó a levantar mancuernas, comía arroz precocinado con pollo (o carne picada) la mayor parte de días. Sin embargo, ahora se prepara él mismo las comidas, tiene una marca de arroz preferida, acude personalmente a una carnicería a comprar el pollo, elige verduras y frutas de temporada “que voy variando” y ha aprendido a utilizar las especias “pues no tienen calorías”, informa.Anteriormente, Clemente mezclaba en un cuenco de buen tamaño el arroz blanco (“comía entre un kilo y un kilo y medio al día”, cuantifica) y el pollo (más de un kilo al día). “La verdad es que me preocupaba poco de lo que comía, porque todo lo llevaba a los números: la cantidad de proteínas, el total de kilocalorías, etc.”, desvela. Hoy día, en cambio, este veinteañero que estudia para ser técnico superior de acondicionamiento físico, se prepara su propia salsa de tomate con una pizca de vinagre y cilantro, así como sus bases de verdura fresca, además de incorporar probióticos como el kimchi. ¿Qué opinan los expertos sobre esta tendencia? ¿Es realmente saludable el “pienso para perros”?Sin dejar la sala de pesas del gimnasio, esa mezcla marrón y grumosa llamada boy kibble que engulía Clemente en sus inicios, sigue siendo muy popular entre los jóvenes que desean ganar masa muscular en el gimnasio. Pero, ¿qué opinan los expertos sobre esta tendencia? ¿Es realmente saludable el “pienso para perros”?Como en la viña del Señor, en internet pueden encontrarse todo tipo de opiniones. Algunos expertos entrevistados por los diarios anglosajones con motivo del “pienso de gimnasio” señalan que siempre es preferible preparar algo en casa que comer fuera. Y, también, que la carne picada aporta proteína completa, vitamina B12, zinc y hierro, mientras el arroz hervido suministra los carbohidratos necesarios para recuperar el glucógeno muscular. Ahora bien, los dietistas-nutricionistas consultados piden no abusar: sin verduras, el plato no tiene fibra, ni vitamina C, ni folatos ni antioxidantes. En resumen, cuando el “pienso para perros” se fortifica con hortalizas, frutos secos y semillas, puede llegar a funcionar. Sin embargo, si se trata de combinar solo dos ingredientes (arroz blanco con una fuente de proteínas barata), la mezcla resultante es demasiado parca en nutrientes, incluso para un perro.Los dietistas-nutricionistas consultados piden no abusar: sin verduras, el plato no tiene fibra, ni vitamina C, ni folatos ni antioxidantesCuando se le traslada a Toña Lizarraga, médica especialista en Medicina del Deporte, y profesora de la Universidad de Barcelona si el “pienso de perros” es saludable, responde: “no del todo”.Según explica, existen buenas razones por las que el arroz hervido, la carne picada, el pollo y el atún son los alimentos fetiche de miles de jóvenes. “De entrada, es una forma fácil de calcular los macronutrientes. Además, el arroz es de más fácil digestión que el trigo o la pasta, mientras el pollo y la carne picada permiten obtener el ´bolus proteico´(en nutrición deportiva, podría traducirse como una porción concentrada de proteína que favorece la recuperación)”, empieza diciendo Lizarraga, quien está considerada una referencia en todo lo relacionado con la nutrición deportiva.Lee también“Pero, sobre todo, se trata de un plato fácil de preparar, porque siempre es más sencillo cocinar carne picada en una sartén que cualquier otro alimento entero”, añade. Con todo, Lizarraga aconseja a quienes desean desarrollar los músculos que vigilen la procedencia de la carne procesada. Asimismo, recalca que hay aspectos claves en la nutrición deportiva que no cubre el “pienso para perros”, como la diversidad bacteriana y la presencia de antioxidantes y sustancias anti-inflamatorias. Cabe recordar que la calidad del microbioma es directamente proporcional a la diversidad de alimentos saludables que se consumen a lo largo del día. En este sentido, consumir solamente cinco o seis alimentos diariamente, origina unas bacterias intestinales muy poco variadas que predisponen a tener problemas intestinales en el futuro.El “pienso de gimnasio” o “comida para perros” suministra fuentes de proteína de fácil digestión y permite comer lo mismo cada equis horas para que la insulina, la principal hormona anabólica, no se convierta en un tiovivo. Puede que comer así durante un par de años en la juventud no mate a nadie, tranquiliza Lizarraga, pero desde luego (¡guau!) no es el prototipo de dieta con la que un humano pueda progresar.Del pienso para perros al poké bowlPara Toña Lizarraga, el principal inconveniente de alimentar exclusivamente a los músculos es la monotonía. No obstante, “cuando se viste bien, el pienso de gimnasio puede llegar a parecerse a un poké bowl”, apunta esta nutricionista deportiva. “Acompañar el arroz blanco solamente con carne picada o con pollo, es muy deficitario en términos de micronutrientes, fibra y antioxidantes, algo que puede perjudicar la salud bacteriana”, avisa. “Si te alimentas solamente con cuatro o cinco alimentos y los vas repitiendo, vas a tener bacterias intestinales que metabolicen el arroz, la carne picada, el pollo y el atún, pero no vas a tener la diversidad bacteriana que se consigue comiendo hortalizas, frutas, semillas, frutos secos, aceite de oliva, etc.” prosigue. “El objetivo es pasar de combinar cinco alimentos básicos, como hacen muchos jóvenes, a utilizar diez en el plazo de un par de semanas o un mes”, sugiere. Por ejemplo, mezclar el arroz con quinoa; incorporar vegetales como tomates cherris, palitos de zanahoria, maíz cocido, remolacha triturada, edamame o cualquier otro alimento que aporte colorido al plato; alternar las proteínas de alto valor biológico que suministra el pollo, la carne picada o el atún con huevos duros (o huevos revueltos), carne de pavo o salmón; utilizar frutos secos triturados, preparando picadas de nueces, anacardos, avellanas y cacahuetes; emplear especias, etc. Lizarraga también considera interesante tener una versión dulce del “pienso de gimnasio” o “comida para perros” para desayunos y meriendas, combinando un yogur proteico con copos de avena, plátano, arándanos o cualquier fruta al gusto.
El “pienso de gimnasio” conquista TikTok: ¿comida de campeones o rancho para perros?
Analizamos el boy kibble (“pienso de chico”, en su traducción literal), el plato viral que ha conquistado los vestuarios y los móviles de la generación Z










