Un análisis de Climate Central calcula que, entre 2020 y 2025, el calor nocturno hizo perder a la persona promedio cerca de 56 horas de sueño al año. De ese tiempo, unas seis horas —el equivalente aproximado a una noche completa de descanso— son atribuibles directamente al calentamiento global provocado por la actividad humana.El informe analiza 1.338 ciudades de todo el mundo y concluye que esa huella del cambio climático sobre el sueño no deja de crecer. En Barcelona, por ejemplo, los habitantes pierden una media de 39 horas de sueño al año por las altas temperaturas nocturnas. Cinco de esas horas —el 12% del total— no existirían en un planeta sin calentamiento antropogénico.Aunque seis horas al año puedan parecer pocas, los investigadores recuerdan que equivalen aproximadamente a una noche completa de sueño perdida únicamente por el efecto del cambio climático. Además, ese efecto se acumula con otros factores que habitualmente deterioran el descanso, como el estrés, los horarios laborales, la exposición a pantallas antes de dormir o determinadas enfermedades.Un problema que afecta a la salud de millones de personasPara conciliar el sueño, el organismo necesita enfriarse. Durante las horas previas al descanso, la temperatura corporal central desciende aproximadamente un grado gracias a la dilatación de los vasos sanguíneos, que facilita la liberación de calor al ambiente. Cuando el aire sigue siendo demasiado cálido, ese mecanismo pierde eficacia y aumenta la probabilidad de despertares y de un sueño más fragmentado.La Academia Americana de Medicina del Sueño considera que, para la mayoría de los adultos, la temperatura más favorable del dormitorio se sitúa entre los 16 y los 21 ºC, aunque existe variabilidad entre personas.Dormir menos de siete horas de manera habitual no solo provoca cansancio al día siguiente. También se asocia con alteraciones del sistema inmunitario, un peor rendimiento físico e intelectual, un mayor riesgo de accidentes y, a largo plazo, con obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y un aumento de la mortalidad.Cómo calcular las horas de sueño perdidasPara estimar este impacto, los investigadores recurrieron a una relación matemática desarrollada por el equipo de Kelton Minor y publicada en 2022 en la revista One Earth. Aquel estudio analizó cientos de miles de noches registradas mediante pulseras de monitorización del sueño y calculó cómo cambia la duración del descanso a medida que aumenta la temperatura mínima nocturna. El equipo de Climate Central aplicó posteriormente esa frelación a los registros de temperatura del reanálisis climático ERA5, elaborado por el Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF), que reconstruye diariamente las condiciones meteorológicas de todo el planeta.El mapa muestra la pérdida anual de horas de sueño relacionada con el calor nocturno. Las ciudades coloreadas en rojo más intenso registran las mayores pérdidas, próximas a las 100 horas al añoClimate CentralLa clave del trabajo fue realizar el cálculo en dos escenarios. Uno con las temperaturas realmente observadas y otro con unas temperaturas contrafactuales, las que, según los modelos climáticos, habrían existido en un mundo sin el calentamiento provocado por las emisiones humanas. La diferencia entre ambos escenarios permitió estimar qué parte de la pérdida de sueño puede atribuirse específicamente al cambio climático.El análisis muestra que la contribución del cambio climático a la pérdida de sueño se ha duplicado a escala global en los últimos 50 años. A comienzos de la década de 1970 el calentamiento global explicaba alrededor de dos horas anuales de pérdida de sueño por persona. Entre 2020 y 2025 esa cifra ronda ya las cinco o seis horas al año. En 1.335 de las 1.338 ciudades estudiadas esa contribución al menos se ha duplicado, y en 840 incluso se ha triplicado.Las noches se calientan más deprisa que los díasUno de los aspectos más llamativos del informe es que las temperaturas nocturnas están aumentando incluso más rápidamente que las diurnas. El problema se agrava en las ciudades, donde el asfalto, los edificios y otras superficies urbanas absorben energía solar durante el día y la liberan lentamente por la noche, alimentando el conocido efecto de isla de calor urbana. Barcelona es un ejemplo de esa tendencia. Las noches tropicales, aquellas en las que el termómetro no baja de los 20 ºC, son cada vez más frecuentes y dificultan que las viviendas recuperen una temperatura confortable antes del amanecer.Las consecuencias de todo ello son especialmente marcadas entre las personas mayores de 65 años, quienes viven en países de ingresos medios-bajos, las mujeres y quienes residen en regiones que ya presentan temperaturas elevadas.Dónde se duerme peor por el calorLas mayores pérdidas de sueño relacionadas con el cambio climático se concentran en Oriente Medio. “En ciudades como Yibuti, Adén o Al Hudaydah, la población pierde de media más de 90 horas de sueño al año por las altas temperaturas nocturnas. Eso equivale aproximadamente a una noche de sueño perdida cada mes”, explica Kristina Dahl, vicepresidenta de Ciencia de Climate Central, para La Vanguardia. Entre 2020 y 2025, los habitantes de ciudades de Arabia Saudí, Omán y Emiratos Árabes Unidos perdieron entre 55 y 87 horas de sueño al año por las altas temperaturas nocturnas, de las que 12 a 16 horas son atribuibles al calentamiento global. También registran pérdidas elevadas ciudades del sur de India, el sudeste asiático y África occidental, donde las noches ya eran muy cálidas antes del cambio climático. En América, los mayores impactos se observan en el suroeste de Estados Unidos, México, Guatemala, Colombia y Venezuela.Los autores advierten de que sus cifras probablemente se queden cortas. El uso de aire acondicionado puede reducir parte del problema, pero sigue dependiendo en gran medida del nivel de renta. Además, consume energía que todavía procede en buena parte de combustibles fósiles y expulsa calor al exterior, reforzando el efecto de isla de calor urbana, que alimenta a su vez al calentamiento global.De cara al futuro, Dahl prevé que Europa —el continente que más rápidamente se está calentando— y las regiones tropicales experimenten algunos de los mayores incrementos de la pérdida de sueño asociada al calor. En estas últimas, explica, “aumentos relativamente pequeños de la temperatura nocturna pueden provocar pérdidas de sueño mucho mayores porque ya parten de noches muy cálidas”. Las noches cálidas siempre han existido, lo que está cambiando es su frecuencia y su intensidad. El análisis de Climate Central sugiere que el calentamiento global está convirtiendo lo que antes era un fenómeno ocasional en una nueva presión cotidiana sobre la salud.