Tomarse un respiro y disfrutar de las pequeñas cosas de la vida es un buen consejo. Y las investigaciones sugieren que podría tener un beneficio adicional: podría ser una buena manera de mejorar la salud cerebral.

La pérdida del sentido del olfato suele ser uno de los primeros signos de alerta de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer y el párkinson, incluso hasta una década antes de que aparezcan otros síntomas diagnosticables. En general, el 90% de las personas con Parkinson en etapa temprana y el 85% de las que padecen alzhéimer en etapa temprana presentan disfunción olfativa, según un artículo de 2021 publicado en Ageing Research Reviews.

Los expertos creen que la pérdida del sentido del olfato puede ser un biomarcador del deterioro de la salud cerebral y están trabajando para que las pruebas de olfato sean más comunes y así acelerar el diagnóstico.

“Si alguien tiene un olfato horrible, eso parece ser como el canario en la mina, un indicador de que podrían surgir problemas cognitivos más adelante”, dijo David Vance, psicólogo y profesor de la Universidad de Alabama en Birmingham.

Sin embargo, el sentido del olfato ha sido infravalorado. De los cinco sentidos clásicos, es el que muchos afirman valorar menos, según las investigaciones; un estudio reveló que muchos estudiantes estadounidenses preferirían perder el olfato antes que el pelo, el teléfono o el dedo meñique del pie izquierdo. Además, como área de investigación, está poco financiada y poco estudiada.