Las treguas caen con un efecto dominó. Días después del retorno de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán tras la firma del acuerdo de paz preliminar, ha sido el turno de Yemen. Han sido varios años de tregua, hasta que los hutíes de Yemen lanzaron este lunes misiles y drones contra el Aeropuerto Internacional de Abha, en Arabia Saudí. Fue una respuesta a un ataque aéreo que atribuyeron a Riad contra el Aeropuerto Internacional de Saná ese mismo día. Hasta nuevo aviso, el aeropuerto está bajo un bloqueo que “debe tomarse en serio”, según las autoridades militares de la milicia. El gobierno de Yemen reconocido internacionalmente y apoyado por Arabia Saudí, señaló previamente que los ataques sobre el aeropuerto de Saná tenían como objetivo impedir el aterrizaje de un avión iraní. Según informes locales, transportaba a hutíes que regresaban del funeral del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, quien fue abatido al inicio de la ofensiva contra Irán. Un funcionario estadounidense afirmó que el avión transportaba armas, piezas de misiles y expertos militares para los hutíes, pero no se han difundido más detalles. Finalmente, el avión fue desviado al Aeropuerto de Hodeida, controlado por la milicia. Las hostilidades de esta semana han acabado con la llamada “fase de desescalada”, que se refiere al acuerdo firmado entre el grupo y el gobierno de Adén, alineado con Arabia Saudí, en julio de 2024. Y tiene lugar, además, en el nuevo intercambio de hostilidades entre Washington y Teherán con el que han roto la tregua iniciada con la firma del “memorando de entendimiento”. En el caso yemení, la escalada habría contado con el apoyo de Donald Trump. Según el medio estadounidense el presidente estadounidense habría dado la aprobación al príncipe heredero saudí Mohammed Bin Salman para una acción militar. Las fuentes consultadas apuntan a que, antes de la ofensiva, Bin Salman trasladó a Trump su preocupación sobre un conflicto mayor con la milicia que requeriría apoyo militar y diplomático de Washington. El respaldo de la Casa Blanca se materializó después de varias reuniones de alto nivel. El jueves, días antes del ataque en el aeropuerto de Saná, el embajador saudí en Washington se reunió con el secretario de Estado, Marco Rubio. Un día después, Rubio habló con el ministro de Asuntos Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan. Al día siguiente, el presidente estadounidense habló por teléfono con el príncipe heredero para confirmarle su apoyo en caso de ofensiva. TE PUEDE INTERESAR Después de años de tregua, un nuevo conflicto militar entre los hutíes y Arabia Saudí podría aumentar las tensiones en la región y extender la guerra entre Estados Unidos e Irán. Pero, paralelamente, la ofensiva de la milicia muestra un cambio dentro de su aparato militar. Los hutíes se han considerado como un instrumento de Irán que, ahora, ha actuado como un socio con mayor autonomía. “Ha ajustado su participación en el activismo regional y consolidado su base de poder interna”, apunta Jonathan Fenton Harvey, investigador en Oriente Medio y el norte de África, en un análisis para Responsible Statecraft. Un mes después del inicio de la guerra en Irán, los hutíes respondían a la ofensiva con ataques selectivos contra Israel. La última ofensiva fue a principios de junio, cuando dispararon misiles contra la ciudad israelí de Eilat y amenazaron con una prohibición total del transporte marítimo comercial vinculado a Israel en el mar Rojo. TE PUEDE INTERESAR Sin embargo, la milicia yemení ha rechazado retomar una campaña contra el tráfico marítimo en el mar Rojo como hizo durante la operación militar de Israel en Gaza. Sería, en cualquier caso, una estrategia conjunta con el cierre de facto del estrecho de Ormuz por parte de Teherán como medida de presión contra Washington. Los hutíes tienen motivos prácticos para no cumplir esa escalada. Sus capacidades militares se degradaron tras los ataques de Israel, sus altos mandos fueron asesinados y han estado bajo una presión económica por las sanciones estadounidenses. “La debilidad por sí sola no explica este patrón. La moderación inicial de los hutíes durante la guerra también reflejó que, en lugar de comprometer plenamente sus recursos para ayudar a Irán, el movimiento priorizó la inversión en el control interno”, sostiene Jonathan Fenton Harvey. También han priorizado su propio calendario al decidir responder a la guerra contra Irán un mes después de los primeros ataques. Ahora, algunas voces apuntan a que podrían cambiar de opinión sobre su campaña en el mar Rojo. Ante la inestable situación del tráfico en Ormuz, cualquier ataque contra la navegación frente a las costas de Yemen podría sacudir todavía más la economía mundial. TE PUEDE INTERESAR Cerrar el estrecho de Bab al-Mandeb es ya una posibilidad para los hutíes. “Esta carta es un activo estratégico que Yenen puede permitirse el lujo de utilizar”, afirmó Mohammed al-Bukhaiti, miembro del buró político hutí, a Al-Bukhaiti es uno de los funcionarios que viajaban en el avión procedente de Teherán que fue desviado. Al igual que EEUU, el gobierno de Yemen reconocido internacionalmente ha acusado a Irán de utilizar estos vuelos como tapadera para enviar equipo militar a la milicia. En su intervención ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas este lunes, el embajador de Yemen ante la ONU, Abdullah al-Saadi, aseguró que el avión que intentaba aterrizar en Saná estaba vinculado con la Guardia Revolucionaria Iraní y que transportaba personal y equipo militar.
La guerra se reabre más allá de Ormuz: Arabia Saudí convence a Trump y ajusta cuentas pendientes con los hutíes
Esta semana, han vuelto las hostilidades entre Arabia Saudí y los yemeníes. Los ataques han puesto fin a la llamada “fase de desescalada”, que se refiere al acuerdo firmado entre el grupo y el gobierno de Adén, alineado con Arabia Saudí, en julio de 2024













