Si los Borbones no olvidarán jamás el 14 de julio de 1789, el principio del fin, les bleus tampoco podrán aparcar durante mucho tiempo lo ocurrido otro 14 de julio, 237 años después de la toma de la Bastilla. Sin necesidad de decapitar a nadie, aplicando un plan diseñado y ejecutado con la precisión de un reloj suizo, España arruinó la fiesta nacional del país vecino con una exhibición de competitividad con la que se plantó en la final del Mundial. Final del Mundial, tres simples palabras cuyo simbolismo trasciende cualquier diccionario.La selección española se regaló la oportunidad de bordar su segunda estrella en el pecho el próximo domingo en Nueva Jersey minimizando de nuevo a Francia, que campaba por el torneo con aires de campeón pero que chocó con violencia contra la realidad. La de una España implacable, que encadena tres torneos consecutivos mandándola a casa en semifinales.Con dos seleccionadores a la vieja usanza en los banquillos, no hubo demasiado espacio para experimentos en el verde. Entró el partido en el horno y a aquello le costó calentar. Apenas un carrera de Barcola por un lado o un falta forzada por Lamine Yamal en el otro. Simples destellos ante el potencial de lo que podía ocurrir en Dallas con dos equipos de semejante entidad. Idolatrado por la grada, a grito pelado cada vez que tocaba el balón, que no fueron muchas, Mbappé lanzaba su primera carrera para intentar estirar a los suyos pero no había manera. Y eso que a Deschamps se le había puesto cara de Flick, adelantando muchísimo la línea defensiva. No le temían los franceses a nadie, quizás conscientes de que de las dos balas que les tumbaron en la Eurocopa ya sólo tenían una enfrente. Equivocados ellos.España disputará la segunda final de un Mundial en toda su historiaEspaña aterrizó tranquila en el encuentro, pero muy concentrada. En especial los dos centrales, que tenían que multiplicar su atención cada vez que se producía una pérdida para que las bestias francesas no se comieran los espacios. Estelares los dos, a Laporte se le notó una superioridad especial, quien sabe si más motivado que nunca ante el país que le vio nacer.La semifinal empezó a coger color justo antes de la absurda pausa de hidratación, sobre todo en un estadio que tenía el aire acondicionado funcionando a toda marcha. Una carrera de Cucurella por la izquierda acabó con un centro pasado que Digne intentó controlar con la cabeza sin mucho tino, y cuando fue a despejar irrumpió Lamine entre su pie y el balón. Penalti. El especialista Oyarzabal cogió el balón y con su 47 de pie lo estampó en la red con un potente disparo cruzado. España había cruzado la primera barrera, a veces la más complicada, y además, Francia perdía justo después a Saliba por lesión, uno de sus puntales defensivos.No es que el tanto revolucionara demasiado la tarde pero sí que empujó a ambos a mirar un poco más a puerta. No era fácil encontrar huecos en ataque así que la cosa fue de disparos lejanos. Barcola y Porro dejaron su firma sin demasiada puntería. La mejor jugada de la primera mitad, pura magia, tuvo color español, con Lamine y Olmo conectando en la frontal y Lacroix evitando el gol de Fabián. Bastante tímido hasta entonces, Mbappé intentó igualar las fuerzas con su formidable potencia pero se topó con un Unai Simón muy despierto, que se le adelantó cuando el AT&T Stadium estaba al borde del infarto.Después de flirtear un par de veces con la segunda tarjeta amarilla, Rabiot no salió al campo tras el descanso. No lo veía claro Deschamps, que no encontraba la manera de hacer daño a la mejor defensa del Mundial. Menos impedimentos había en la visión de De la Fuente, al que Lamine y Oyarzábal reforzaban con dos buenos intentos ante Maignan. Pintaba bien la cosa para España, que no tardó en destapar la segunda botella de champán. Porro conectó con Olmo –cuya exhibición mereció los aplausos del público– y este, antes de recibir una buena tarascada, acertó a devolverle el balón en el área para que el extremeño sorprendiera a Maignan por el palo corto. Explotaban de euforia las filas españolas, que cada vez se veían más cerca de la ansiada final del Mundial.Ya hacía rato que Olise se había ido al banquillo, que Mbappé hacía la guerra por su cuenta y que Dembélé estaba desaparecido, apenas dos disparos ya en el añadido. El plan de De la Fuente había funcionado a la perfección y había sido ejecutado con maestría. La Bastilla había sido tomada. La revolución era española. Final del Mundial, qué tres palabras.Ficha técnica2 - España: Unai Simón; Pedro Porro (Marcos Llorente, m.84), Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Fabián (Pedri, m.78), Dani Olmo (Mikel Merino, m.78); Lamine Yamal, Oyarzabal (Ferran Torres, m.74) y Álex Baena (Nico Williams,m.84).Seleccionador: Luis de la Fuente.Goles: 0-1: m.22: Oyarzabal (p). 0-2: m..58: Pedro PorroÁrbitro: Iván Barton (El Salvador). Amonestó a los franceses Rabiot y Mbappé y al español Cucurella.Incidencias: Semifinal del Mundial 2026 disputada en el estadio AT&T de Arlington ante 70.176 espectadores. Antes del partido de guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del atentado de Niza, del que se cumplen diez años y del exjeque Hamad bin Khalifa Al Thani, que fue emir de Catar desde 1995 hasta su abdicación en 2013.Nací en Barcelona en 1975 y he desarrollado toda mi carrera en el ámbito deportivo. Aprendí en Mundo Deportivo, me asenté en La Razón, el ABC me devolvió al periodismo y La Vanguardia, donde trabajo desde 2015, me dio la oportunidad de crecer.