Hija de la gran dudaEn la columna ven�a a decir que el mundillo literario es exactamente igual que cualquier otro Ambiente en la Feria del Libro de Madrid.Actualizado Martes,

julio

23:10Audio generado con IAMe llam� un abogado de Barcelona a cuenta de una columna que publiqu� aqu� —siempre pienso que escribo en la m�s absoluta soledad, como quien ocupa una celda y va ara�ando la pared para contar su tiempo en palitos, como una forma de decir: �Yo estuve aqu��. En la columna ven�a a decir que el mundillo literario es exactamente igual que cualquier otro, los libros m�s chorras a veces se venden como churros y el escritor, oh, el escritor —no importa si su literatura est� impregnada de alta sensibilidad o de un feminismo aterciopelado— puede albergar la misma oscuridad que cualquier otro mortal, por m�s que brille en las palabras.Para ilustrar LA IDEA, puse el ejemplo que me cont� una amiga, el de un escritor que hab�a publicado un libro recientemente y da talleres —podr�a ser perfectamente mi marido—, un escritor que, seg�n me cont� esta chica, ha robado alguna idea—podr�a ser yo. Un escritor que seduc�a a sus alumnas.El �nico que se reconoci� fue el propio escritor. Objetivamente no aparec�a un solo dato que llevara a �l.El caso es que aquel abogado que llamaba en su nombre crey� que deb�a hacer esa llamada. �Con qu� objetivo? En principio, para rebatir la acusaci�n de plagio, que nadie hab�a nombrado. Hasta quer�a venir a Valencia para demostrarme mi supuesto error. Yo me mir� las manos por si me hab�a crecido una maza de jueza entre los dedos.Pero yo no quer�a hablar de ese escritor. Las columnas funcionan como los sue�os o los recuerdos, le dije: un c�ctel de realidad, de imaginaci�n, que fermenta hasta destilar UNA IDEA que el autor intuye como verdadera.Me sent� extra�a explic�ndole a un abogado, que trabaja con palabras, que estas se pueden volver met�fora, mientras �l insist�a en mi radicalidad y en mis muchos prejuicios desde el inicio de la conversaci�n.Recurri� a la cantinela, tan reciente y tan vieja ya: �Pues si es verdad, ve a un juzgado y den�ncialo�. O calla, qued� dicho en elipsis. Que alguien de a pie no distinga que hay cosas inmorales y otras ilegales, y que incluso siendo ilegales, uno pueda preferir no denunciar, me result� inquietante.�Que �l ten�a dos hijas! fue su siguiente argumento. Y yo vi sus dos hijas y sub� la apuesta con un marido feminista, un hijo y un hijastro, todos varones, con sus pares de cromosomas XY.�Guerra de sexos! Lo vi y apret� con mi paz de valores humanistas.Le expliqu� que no ten�a ning�n af�n de venganza contra esa persona a la que apenas conozco y de la que no he vuelto a acordarme desde la columna.Quise decirle que, de alguna forma, estoy cuidando de sus hijas, para que un profesor no las vea como presas y pase por encima de su talento, de sus ganas de aprender, de su inocencia. Para que no las convierta en trofeos disecados, objeto de su taxidermia.Y justo cuando terminaba esta columna, recibo una amenaza del bufete de abogados de que van a emprender acciones legales si no retiro la anterior columna. No saben que las palabras no se retiran, que las palabras son et�reas, vol�tiles como el polen o las esporas, y quedan. De alguna manera quedan.