La pen�ltimaEn estos tiempos de ritmos comprimidos y apolog�a de la productividad, el duelo exige dedicaci�n y pausa. Es, ante todo, un modo de permanenciaNick Cave, en su concierto del s�bado en el Mad Cool de Madrid.Actualizado Martes,
julio
21:33El s�bado vi cantar a Nick Cave; apenas dos d�as despu�s se cumplieron 40 a�os del fallecimiento de mi padre. Conservo muy pocos recuerdos, pero no pasa ni un solo d�a sin que pensemos en �l. El duelo tiene la capacidad de estirarse en el tiempo, se expande. No es solo dolor y memoria, tambi�n es la conexi�n humana que permite que los vivos sigamos conviviendo con nuestros muertos. Con los que amamos.�C�mo es posible vivir el duelo hoy, en una sociedad de ritmos comprimidos, donde aquello que no sirve, con suerte, se adorna y, con frecuencia, se desprecia o se ignora? El duelo carece de productividad, de utilidad aparente y, sin embargo, es imprescindible. Exige dedicaci�n, pausa y una suspensi�n del tiempo que en nuestra �poca parece haberse convertido en una distop�a de plataforma.Quiz� todo empez� cuando alguien reconoci� por primera vez la fisonom�a de la muerte y sinti� la necesidad de quedarse junto al cuerpo. De velarle, sosteniendo una luz para acompa�arle, y de empezar a dar forma, espesor y rugosidad sentimental a una ausencia que se volver� palpable para siempre. El duelo es, ante todo, un modo de permanencia.Para saber m�sDespu�s lleg� el lenguaje y transform� esa permanencia en recuerdo; le hemos atribuido a la muerte un significado que la naturaleza no sab�a ni que exist�a. En este mundo l�quido que nos acoge, la muerte sigue siendo la prueba s�lida de que nuestra materia se disuelve.En los �ltimos tiempos ha habido cierta glorificaci�n cultural a su alrededor. Se ha consolidado como un tema que nos interpela profundamente. La literatura ha sido un lugar propicio para explorar un proceso tan �ntimo y complejo. Pienso en dos libros estupendos como Reliquia (Anagrama, 2025), de Pol Guasch, o en En la naturaleza las cosas crecen de Yiyun Li (Chai Editora).Y est� la m�sica, esa oraci�n que ayuda a liberar el dolor. Eso fue lo que celebr� Nick Cave el s�bado en el Mad Cool. Celebrar, en el sentido m�s antiguo y metaf�sico de la palabra. Cave perdi� a dos de sus hijos: Arthur, en 2015, y Jethro, en 2022. Desde entonces, buena parte de su obra ha sido una conversaci�n sobre la potencia inagotable del duelo.Mientras la noria giraba y millones de luces inundaban el recinto con un aire festivo, Nick Cave aullaba al cielo intentando abrir una grieta en lo inexpugnable. Su voz hizo temblar el escenario y, tambi�n a quienes le escuch�bamos cantar Joy, una canci�n sobre la alegr�a del alivio, sobre esa decisi�n espiritual de aceptar la p�rdida. Permanecer. Y permanecimos todos all�, acompa�ando a Nick Cave en el suyo.







