Por otra parteSeguimos jugando a recuperar o borrar nuestra memoria a demanda de las ideolog�as o necesidadesImagen del documental sobre Miguel �ngel Blanco.Actualizado Lunes,

julio

23:03Audio generado con IAAntes de abandonar la exposici�n NO-DO. El mundo de ayer. Imagen y propaganda del franquismo, te topas con una peque�a pantalla, como esas que hay en los ba�os de los aeropuertos, con caritas que van de la m�s triste a la m�s feliz para que valores la experiencia. Tras cliquear en el emoticono m�s sonriente, la pantalla quiere saber m�s de ti y te hace preguntas del tipo de por qu� has ido a ver la exposici�n, c�mo te has enterado de su existencia, si vives en Madrid o vienes de fuera y, la consulta clave, en qu� franja de edad te encuentras. La muestra recorre los 40 a�os de historia del noticiario que se proyectaba en todos los cines espa�oles antes de la pel�cula, o de las pel�culas si era una sala de sesi�n continua. El �ltimo NO-DO se vio en las grandes pantallas hace 45 a�os. Y esto �le interesa a los j�venes? Cuando la exposici�n cierre sus puertas la pr�xima semana, la Filmoteca Espa�ola tendr� los datos por edad de quienes han pasado por all� en los siete meses que ha estado abierta, y sabr� cu�ntos menores de 50 a�os la han visitado para saber m�s del que fue un eficaz aparato de propaganda del franquismo.El dato que s� tenemos ya es que el 60% de los menores de 30 a�os no saben qui�n fue Miguel �ngel Blanco. Ayer se cumplieron 29 a�os de que el concejal de Ermua fuera asesinado cuando, precisamente, ten�a s�lo 29 a�os. Nos lo recuerdan Jon Sistiaga y Juanjo L�pez en un documental emitido por Netflix que, probablemente, apenas reducir� ese porcentaje. �A qui�n le interesa? Blanco, Miguel �ngel para toda Espa�a, lleg� a ser un mito vivo s�lo durante sus �ltimas 48 horas, las que dur� su lenta agon�a en manos de ETA, para luego convertirse en un mito muerto, en el referente del principio del fin de la organizaci�n terrorista. Hubo muchos asesinatos despu�s del suyo, m�s de sesenta, pero el miedo global, el que hab�a maniatado durante d�cadas a una sociedad atenazada, se empez� a diluir. Su muerte fue una tragedia y el germen de una gran movilizaci�n c�vica contra ETA.Dice el Rey en el documental que las generaciones que no vivieron el terrorismo deben saber que a la convivencia democr�tica se lleg� por un camino muy duro de dolor. Fueron d�cadas de tanto sufrimiento que hay quienes han confundido las ganas de olvidarlo y se han doblegado ante la tentaci�n de borrarlo. Hoy, a los j�venes que gritan "que te vote Txapote" les hace gracia la rima, pero es probable que no sepan que ese fue el terrorista que le peg� dos tiros al concejal. Hoy, los j�venes que votan a Bildu tampoco sabr�n que fue otro edil de Herri Batasuna en Ermua el c�mplice de los terroristas para que secuestraran y asesinaran a su compa�ero de ayuntamiento. Tampoco sabr�n que su tumba fue tantas veces vandalizada que la familia se la tuvo que llevar a un pueblo de Galicia.Cada vez se entiende menos que renunciemos a nuestra memoria y que juguemos a recuperarla o a borrarla a demanda de las ideolog�as. Es un juego peligroso porque, que no se olvide, somos lo que fuimos.