Paolo Crepet, psiquiatra italiano e investigador del departamento de salud mental de la Organización Mundial de la Salud, suele despabilar con sus ideas incómodas, agudas y provocadoras.Esta vez el sitio italiano Frasi Celebrity destacó un enunciado muy a su estilo e imposible de pasar por alto. La expresión en cuestión: “Es algo muy delicado llegar a cierta edad y poder decir: tuve una buena vida y nunca seré como los demás querían”.El primer punto para detenerse es sobre el comienzo de su frase. Como interpreta la nota citada, con la expresión “algo muy delicado” Crepet descarta que se trate de una tema fácil, simple o evidente. Todo lo contrario. Hace alusión a un cuidado constante, una atención consciente y un trabajo diario sobre uno mismo profundo y arduo.Por otro lado, para el autor, afirmar “Tuve una buena vida” -sin nostalgias ni arrepentimientos y con la máxima sinceridad- es otro gran logro y una enorme meta a alcanzar. Acá, calza a la perfección la conocida teoría de Viktor Frankl. Tras sobrevivir a los campos de concentración nazis, Frankl desarrolló la filosofía que afirma que no siempre podemos elegir las circunstancias; pero sí elegir nuestra actitud frente a ellas.“Nunca seré como los demás quieren que sea” completa los conceptos que puso sobre la mesa Crepet con la idea mencionada. La enorme tarea de liberarse de los mandatos familiares, las exigencias externas y de los preconceptos que la sociedad impone como modelos de éxito son las tareas internas que están implícitas en este punto.Además, infiere sobre el límite sano de no gustarle a todo el mundo ni destinar tiempo y energía a alcanzar ese imposible estadio.Crepet también agrega que llegar a pronunciar esa frase con una serenidad auténtica -sin cuentas pendientes con quienes exigieron demasiado ni la necesidad de reivindicar una libertad recién conquistada- requiere de una laboriosa misión. Esta estará basada en haber construido una vida propia, una identidad en la que uno pueda reconocerse lo suficiente como para no necesitar la aprobación ni validación de los demás.El amor propio, en primer lugarOtro de los lineamientos que está en la misma línea es sobre el autocuidado. Sobre este tema, Crepet pregona en forma categórica: “Para querer a los demás, primero tenés que quererte a vos mismo. Si no, ¿cómo lo haces? De lo contrario, acabamos siendo unos “crucerrojistas”.Esta última palabra -crocerossine, en italiano- resulta contundente y muy acertada. Se refiere a quienes viven volcados en atender a los demás hasta el punto de olvidarse por completo de si mismos.Para él, quien cuida de los otros sin haber construido antes una relación sólida consigo mismo acaba haciéndolo desde la necesidad y no desde la plenitud. No ofrece amor de verdad: busca confirmación y validación. No se cuida, se va desgastando lentamente.En el mismo sentido, es importante aclarar que quererse a uno mismo no es narcisismo ni egoísmo. Es la condición necesaria para que lo que damos a los demás sea realmente un regalo y no un intercambio disfrazado.