Un infarto o un ataque cerebrovascular (ACV), esos eventos a los que todos les tememos porque ponen en riesgo la vida, y enfermedades que queremos evitar o (al menos) postergar todo lo posible como la diabetes, la insuficiencia cardíaca o renal, no suceden de un día para el otro: se van gestando durante años como consecuencia de factores muy comunes (el principal, el exceso de peso) que avanzan en una especie de cadena que, si no se corta a tiempo, termina mal. Ese conjunto interconectado de afecciones que incrementan el riesgo para el corazón, el cerebro y los riñones tiene nombre: síndrome cardio-reno-metabólico (SCRM).Un nombre que suena cada vez más familiar por su frecuencia: en Estados Unidos se estima que el 90% de los adultos está en alguna de sus etapas.A raíz de eso, la Asociación Americana del Corazón y el Colegio Americano de Cardiología (AHA y ACC, por sus siglas en inglés), con el apoyo de las sociedades de diabetes, obesidad y nefrología publicaron las primeras guías de práctica clínica que incluyen cómo se detecta, se previene y se trata. El documento, publicado en las revistas Circulation y JACC, enfatiza la necesidad de identificar el SCRM en etapas tempranas para tomar medidas que permitan evitar su progresión y proteger la salud.Los factores de riesgo para desarrollar el SCRM son el sobrepeso, la hipertensión arterial (presión arterial alta), la dislipemia (colesterol y/o triglicéridos elevados), hiperglucemia (niveles altos de azúcar en sangre) y función renal reducida.Por lo general, esos factores se presentan “en combo”, por eso la prevalencia en la población del síndrome cardio-reno-metabólico es cada vez mayor. "Es el típico paciente que tiene un poco de todo", graficaba en una entrevista con Clarín el cardiólogo Marcos Marin, ex presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).“Las afecciones cardíacas, renales y metabólicas no se presentan de forma aislada, sino que están profundamente interconectadas”, afirmó Chiadi E. Ndumele, presidenta del comité de redacción de la guías estadounidenses y directora de investigación sobre obesidad y enfermedades cardiometabólicas en la Facultad de Medicina Johns Hopkins de Baltimore.Suscribite a Buena VidaCada quince días, Florencia Cunzolo te cuenta lo último para cuidar tu salud y sentirte bien. Registrate acá. Ndumele sumó que las nuevas directrices abogan por la detección y la atención tempranas, "centrándose en la prevención y la acción coordinada para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular antes de que se desarrollen complicaciones graves o se produzca un evento cardíaco importante".Obesidad e inflamación, primer eslabónEl principal desecadenante del síndrome, el primer eslabón de la cadena, es el exceso de peso. Es que la obesidad contribuye a aumentar la presión, a la disfunción metabólica (y, en consecuencia, eleva el riesgo de diabetes) y altera los niveles de lípidos en sangre.