En estas semanas en que el planeta ha cogido forma de balón de fútbol, ha circulado en redes sociales un breve vídeo de 2011 en el que aparece un chaval francés de 12 años llamado Kylian Mbappé. Con una seguridad llamativa en alguien tan joven, explica que “en la historia, los mejores (futbolistas franceses) fueron negros y árabes, aparte de Platini y Cantona”. Como todo en el fútbol, habrá opiniones diferentes, como también la constatación de que se trata de un tema sensible en Francia, como mínimo desde el Mundial de 1998, porque plantea cuestiones más importantes que si hay que jugar con uno o dos delanteros. La selección nacional se ha convertido en un campo de batalla que enfrenta dos visiones muy diferentes sobre la realidad del país.

Mariano Rajoy, con ese aire distante e informal que a veces le ha caracterizado, decidió hace unos días que podría infiltrarse en ese terreno en uno de esos artículos dictados por teléfono sobre los partidos de la selección española que publica en El Debate como detalle con su amigo Bieito Rubido que tanto hizo por él cuando era director de La Voz de Galicia y ABC.

Los artículos son motivo de comentarios admirativos o graciosos porque parecen propios de un alumno de diez años de mucha pasión futbolera, aunque poca capacidad de escritura. La comparación resulta ahora fuera de lugar, porque el expresidente hizo una incursión en un asunto monopolizado por la extrema derecha francesa. Y con solo cuatro palabras, lo que tiene algún mérito en términos de concisión. Después de elogiar “la plantilla de altísimo nivel” que tiene Francia, soltó la coz: “Eso sí, sin franceses”.