Cuatro atraviesa su mejor momento de audiencia en más de una década. Tras años buscando una identidad propia, la cadena de Mediaset ha conseguido superar a laSexta por primera vez en 12 años apoyándose en una parrilla donde los programas de actualidad política han ganado cada vez más peso.PublicidadHorizonte, En boca de todos o Todo es mentira se han convertido en algunos de los motores del canal, pero también en el reflejo de un modelo televisivo cada vez más apoyado en la confrontación y la polarización.El espacio de Iker Jiménez se ha convertido en uno de los talismanes del canalEl sorpasso de Cuatro a laSexta no solo responde a un cambio de audiencias, sino también a una transformación de su propuesta editorial. La cadena de Mediaset ha reforzado en los últimos años una parrilla en la que los formatos de actualidad política ocupan un lugar central y donde el debate ha evolucionado hacia un tono cada vez más confrontativo.La cadena de Mediaset ha cerrado la temporada 2025/2026 por delante de laSexta, algo que no ocurría desde hace 12 años. Lo ha hecho por un margen mínimo, pero suficiente para certificar un cambio simbólico en la batalla de las llamadas "segundas cadenas". En datos de Barlovento, Cuatro firmó el 6,1% de cuota, situándose como la cuarta opción de la televisión en España y laSexta tuvo que conformarse con el 6% de share y el quinto lugar.Buena parte de ese impulso ha llegado de la mano de programas como Horizonte, En boca de todos, Todo es mentira o Código 10. De hecho, en los últimos 30 días, los programas más vistos del canal han sido todos de Horizonte.PublicidadEl espacio de Iker Jiménez se ha convertido en uno de los talismanes del canal: esta temporada ha promediado un 9,6% de cuota de pantalla y ha marcado máximos de audiencia con emisiones por encima del millón de espectadores. Tradicionalmente centrado en el misterio y los fenómenos paranormales, el programa ha ido desplazando su foco hacia la actualidad política, incorporando debates y perfiles cada vez más políticos y presentes en la conversación pública.Ese cambio de orientación coincide con una apuesta más amplia de la cadena por formatos donde la confrontación se ha convertido en uno de los principales motores del espectáculo televisivo. En boca de todos y Código 10 también han alcanzado sus mejores registros históricos de temporada, con un 7,4% y un 7,2% de share respectivamente.La crispación como activo de audienciaEn ese contexto se enmarca la salida de la periodista Marta Nebot de En boca de todos. Su despido y la polémica posterior entre la colaboradora y el programa han reabierto el debate sobre los límites entre la pluralidad ideológica, la línea editorial y una televisión en la que la crispación se ha convertido también en un activo de audiencia.PublicidadNebot evita convertir su caso en el centro de la discusión. "No quiero seguir con la matraca", asegura. Pero rechaza que su salida pueda entenderse como un episodio aislado y cree que forma parte de una evolución más amplia de este tipo de formatos.La periodista recuerda el nacimiento de Cuatro en 2005 y lamenta la pérdida de identidad que, a su juicio, sufrió la cadena tras su integración en Mediaset. "Ha sido un canal agónico durante años y ahora parece que ha encontrado un filón", resume.Ese filón tiene nombres propios y refuerza la apuesta de la cadena por la actualidad política como uno de sus principales motores.Entre la pluralidad y el espectáculoSu caso llega pocos meses después de otra salida sonada del mismo programa. En marzo, la analista política Sarah Santaolalla anunció que lo dejaba tras un altercado con el periodista Antonio Naranjo y denunció lo que consideraba una "encerrona" en directo:Nebot marca diferencias entre ambos casos, pero ve un clima compartido: "El caso de Sarah es distinto porque fue ella la que decidió dejar el programa. Pero es cierto que en los días previos había habido un acoso y derribo contra ella demenciales tanto en el programa como en redes sociales, a raíz de su incidente con Vito Quiles a la salida del Senado".Para Nebot, el problema no es la tertulia política como género, sino el incentivo que premia el enfrentamiento por encima del análisis. "La objetividad absoluta no existe: todos tenemos ideología. La diferencia está en si hay honestidad para contar también lo que hacen mal los tuyos", sostiene.Marta Nebot: "Lo que impera ahora mismo es la búsqueda del 'click' y del audímetro, algo que muchas veces está ligado al que más ruido hace"En su opinión, una tertulia puede ser virtuosa cuando existen reglas de respeto, reparto equilibrado del tiempo y compromiso con los hechos. El problema aparece cuando la audiencia recompensa al que más grita. "Lo que impera ahora mismo es la búsqueda del click y del audímetro, algo que muchas veces está ligado al que más ruido hace", lamenta.PublicidadNebot cree que determinados temas —la okupación, la inmigración o el enfrentamiento permanente con el Gobierno— se convierten con frecuencia en combustible televisivo porque garantizan audiencia. "Nadie se siente responsable de lo que eso pueda generar en la convivencia social", lamenta.Mercenarios del ruidoLa periodista reconoce que los platós políticos siempre han sido espacios de tensión, pero considera que en los últimos años esa lógica se ha intensificado. "La palabra ring se queda pequeña. Hay programas que funcionan como circos romanos", afirma. También admite haber recibido insultos en directo y asegura que, en alguna ocasión, Nacho Abad llegó a disculparse con ella fuera de cámaras.Pese a ello, insiste en que no pretende presentarse como víctima. Su preocupación va más allá de su despido. "Lo que denota este episodio son los tiempos del periodismo que estamos viviendo", explica.PublicidadSu conclusión apunta menos a las personas que al modelo: no propone eliminar las tertulias ni blindar ideológicamente los platós, sino recuperar el periodismo de contexto y de investigación. "Hacen falta más periodistas sin carné de partido y menos mercenarios del ruido", resume.El caso de Marta Nebot no explica por sí solo el buen momento de Cuatro, pero sí sirve para entender una transformación más amplia. La cadena ha encontrado una fórmula competitiva apoyándose en la actualidad política y en formatos de confrontación que han impulsado su audiencia. La incógnita es si ese modelo, rentable en términos televisivos, termina convirtiendo la crispación en un producto más de consumo cotidiano.El éxito reciente de Cuatro no es solo una cuestión de audiencias; también el reflejo de un cambio en la forma de consumir y producir actualidad política en televisión. En un ecosistema donde las cadenas compiten por captar atención en un entorno cada vez más fragmentado, la confrontación se ha convertido en uno de los recursos más eficaces para generar conversación.El caso de Marta Nebot permite mirar detrás del dato de audiencia, porque refleja una televisión que ha encontrado en el debate político en un motor de crecimiento y los riesgos que esto conlleva.PublicidadLa cuestión no es si la televisión debe debatir, incomodar o confrontar ideas, sino qué ocurre cuando la polémica deja de ser una herramienta narrativa y se convierte en método. Lo que queda por comprobar es si la fórmula que hoy genera audiencia puede sostenerse sin convertir la crispación en producto de consumo.