Los datos están aquí y aquí. Y lo que reflejan es un hecho histórico. Nunca antes España había aportado tantos habitantes al crecimiento de la población en la Unión Europea (UE). El año pasado, en concreto, según Eurostat, la población creció en 705.756 personas en el conjunto de la región, y de ellas 461.800 residen en España. Eso quiere decir, por lo tanto, que España aportó dos de cada tres nuevos residentes en Europa, cuya población ha escalado hasta los 451,9 millones de personas. Lo relevante, en el caso de España, es que, mientras que representa el 10,9% de los habitantes europeos —a finales de este año alcanzará los 50 millones—, su contribución al aumento de la población crece hasta suponer el 65,4% de los nuevos europeos residentes. La causa, lógicamente, tiene que ver con la entrada de inmigrantes, ya que la población de españoles nacidos en España, según Estadística, desciende a un ritmo trimestral del 0,08%. De los 49,68 millones de habitantes que tiene España (primer trimestre de 2026), 39,01 millones son nacidos en España; el resto son nacidos en el extranjero, aunque más de un tercio tienen ya la nacionalidad española. Lo singular, en el caso de España, es que el crecimiento de la población se produce en un contexto europeo muy diferente. Lo pone de relieve el hecho de que en nada menos que once países europeos (cuatro de cada diez) la población, lejos de crecer, disminuyó el año pasado. Letonia (-8,3 habitantes por cada mil), Estonia (-6,8) y Hungría (-5,4), en particular, registraron los mayores retrocesos. En sentido contrario, se sitúan algunos de los países más pequeños de la UE, por lo que sus tasas relativas no inciden apenas en el cómputo global de población. Este es el caso de Malta, con un incremento de 24,1 habitantes por cada mil, Chipre (13,7) y Luxemburgo (13,1), que registraron las tasas de crecimiento demográfico más elevadas. Estos crecimientos, incluso el español, no ocultan una realidad estructural que se viene manifestando desde hace años. Nada menos que 21 de los 27 países de la Unión Europea tuvieron tasas negativas de población natural. Es decir, hubo más muertes que nacimientos. Las tasas negativas más altas corresponden a Letonia y Bulgaria (en ambos casos -7,7 por cada 1.000 personas), seguidas de Lituania (-6,9) y Rumania (-5,5). Todos los países de la UE, excepto Estonia y Letonia, tuvieron tasas positivas de migración neta en 2025, con las tasas más altas observadas en Malta (23,9 por 1000 personas), España (11,8) y Chipre (11,3). La importancia de la inmigración España, por lo tanto, no es un caso único en cuanto al aumento de la población migrante, aunque sí el más significativo debido a su tamaño. En una decena de países —Bélgica, República Checa, España, Francia, Croacia, Países Bajos, Austria, Portugal, Eslovenia y Finlandia—, la migración neta positiva fue el principal motor del crecimiento demográfico, dado que el cambio natural de la población fue negativo. Es decir, la inmigración es lo que explica que Europa continúe aumentando su base demográfica. Pese a ello, y en relación con el mundo, la población europea supone apenas el 5,6% del total, lo que refleja su decadencia en términos poblacionales. Como recuerda Eurostat, la población de la UE pasó de 354,5 millones en 1960 a 452 millones el 1 de enero de 2026, lo que supone un aumento de 97,5 millones de personas. Ahora bien, el ritmo de crecimiento demográfico se ha ralentizado gradualmente en las últimas décadas. Mientras que la población de la UE aumentó, de media, en unos 0,8 millones de personas al año durante el periodo 2005-2025, el incremento medio durante la década de los 60 fue de alrededor de 3 millones de personas al año. Es decir, cuatro veces más. El año 2026 es relevante porque algunos estudios, como el de Bruegel, un importante think tank europeo, sostienen que los problemas demográficos se acelerarán en las próximas décadas si no se revierte la actual tendencia. Las últimas proyecciones de Eurostat, por ejemplo, estiman que Europa alcanzará este año un máximo de 453,3 millones de personas, y a partir de ahí comenzará un suave descenso hasta retroceder a los 420 millones de habitantes al final de siglo. ¿El resultado? Solo cuatro de cada 100 habitantes del planeta serán europeos a la vuelta de la próxima centuria. Este proceso se ve claramente con una simple comparación. Sin la aportación de España al crecimiento global, la población en Europa hubiera crecido en 2025 en apenas 243.996 personas, es decir, únicamente un 0,5%. O, expresado de otra manera, la población europea está ya muy cerca de descender. TE PUEDE INTERESAR Y es que las proyecciones de Eurostat son amargas. Entre 2023 y 2050, según el escenario central, Europa afronta una caída natural de tres habitantes por cada mil que no se compensará con la entrada de 2,6 habitantes por cada mil al año. Es decir, justo lo contrario de lo que sucedió entre 2010 y 2021, durante el cual la población de la UE creció a una tasa promedio de 1,5 por mil al año. En ese periodo, una disminución natural menor del 0,7 por mil al año se vio compensada por una migración interna neta del 2,2 por mil al año. Ese periodo, al menos a corto plazo, no volverá. La población de los países de la UE el 1 de enero de 2026 oscila entre los 83,5 millones de habitantes de Alemania y los 0,6 millones de Malta. Los cinco países más poblados concentran dos tercios de la población de la UE: Alemania (18,5%), Francia (15,3%), Italia (13%), España (11%) y Polonia (8%).