Si hay una mente detrás de los grandes resultados de Francia, esa es la de Didier Deschamps. Pero su éxito no llegó de la noche a la mañana. Su trabajo implicó una transformación total del conjunto galo, que pasó de ser un polvorín a convertirse en una de las selecciones más sólidas del mundo, encontrando en él la estabilidad necesaria para desarrollar un futbol vistoso con el que buscará levantar una última Copa del Mundo antes de decir adiós. Así ha sido su proceso.

La historia de Deschamps con la selección francesa comenzó desde su etapa como jugador. Con él en el mediocampo y portando el gafete de capitán, Francia conquistó su primera Copa del Mundo en Francia 1998.

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Tras retirarse, llevó ese liderazgo a la dirección técnica. Ahí, con una propuesta ofensiva que prioriza la posesión del balón, además de la explosividad y las combinaciones por las bandas, logró conquistar una Ligue 1, dos Supercopas de Francia y tres Copas de la Liga con el Olympique de Marsella.

A la par, Francia vivía años turbulentos. En Sudáfrica 2010, pese a llegar como subcampeona del mundo, terminó eliminada en la fase de grupos. Esto estuvo acompañado de una polémica interna, luego de que el plantel se rebelara contra la federación y el entrenador Raymond Domenech, después de que este tuviera un altercado con Nicolas Anelka, quien fue excluido en plena justa.