Mucho antes de que la Tierra existiera y de que los primeros seres vivos comenzaran a poblarla, el universo ya era capaz de fabricar algunas de las moléculas que, miles de millones de años después, formarían parte de la química de la vida en nuestro planeta. Esa es la principal conclusión de un estudio internacional liderado por el Centro de Astrobiología (CAB-CSIC/INTA), en Torrejón de Ardoz, con una amplia participación de instituciones españolas y la colaboración de centros de investigación de Países Bajos, Italia, Alemania y Estados Unidos.El trabajo, publicado en Nature Astronomy, describe la primera detección de eritrulosa en una nube molecular, un azúcar formado por cuatro átomos de carbono. “La relevancia de este descubrimiento es que los azúcares son compuestos fundamentales para la vida porque constituyen la columna vertebral del ARN y el ADN”, explica Izaskun Jiménez-Serra, investigadora del Centro de Astrobiología y autora principal del estudio, para La Vanguardia. Aunque no desempeña un papel directo en el metabolismo humano, como ocurre con la glucosa, posee un notable interés desde el punto de vista de la química prebiótica porque puede transformarse en otros azúcares implicados en la formación de los primeros ácidos nucleicos, las moléculas encargadas de almacenar la información genética de todos los seres vivos.En las últimas décadas, los investigadores han descubierto en el espacio decenas de moléculas orgánicas relacionadas con los procesos que precedieron a la vida. Sin embargo, hasta ahora ningún azúcar había podido identificarse de forma inequívoca. La paradoja era que compuestos como la ribosa o la glucosa sí habían aparecido en meteoritos primitivos e incluso en las muestras del asteroide Bennu, lo que hacía pensar que debían haberse originado antes de la formación de estos cuerpos. El nuevo estudio sitúa ese escenario en las vastas regiones de gas y polvo interestelar donde nacen las estrellas y los sistemas planetarios.La huella de un azúcar entre las estrellasLa eritrulosa fue detectada en G+0.693−0.027, una extensa nube molecular situada cerca del centro de la Vía Láctea, a unos 27.000 años luz de la Tierra. Lejos de ser un entorno vacío, estas regiones albergan una intensa actividad química y constituyen algunos de los mejores laboratorios naturales para estudiar cómo se forman moléculas cada vez más complejas en el espacio. No es la primera vez que esta nube sorprende. En los últimos años se han identificado allí compuestos de interés prebiótico, como la etanolamina, un componente de las membranas celulares.Una fotografía del telescopio Spitzer revela nubes moleculares en el centro de la galaxia, incluida la zona donde se halló eritrulosa EFE/NASA/JPL-CaltechPara identificar el azúcar, los investigadores recurrieron a los radiotelescopios Yebes 40 metros, en Guadalajara, y el IRAM 30 metros, en Sierra Nevada. Estos instrumentos no observan el universo mediante imágenes, sino que registran las ondas de radio emitidas por las moléculas al rotar. Cada una produce una combinación exclusiva de frecuencias, una especie de huella dactilar que permite reconocerla incluso a miles de años luz de distancia.El equipo comparó esa firma obtenida en el laboratorio con las señales registradas por ambos radiotelescopios. La coincidencia fue tan precisa que permitió identificar 17 transiciones espectrales de la eritrulosa, seis de ellas prácticamente libres de interferencias de otras moléculas. Los autores calculan que la probabilidad de que esa coincidencia se deba al azar es de apenas un 0,2 %.Una abundancia inesperadaLo habitual es que las moléculas sean menos abundantes cuanto mayor es su tamaño. Sin embargo, la eritrulosa rompe esa tendencia. A partir de los límites de detección obtenidos por los radiotelescopios, los investigadores concluyen que este azúcar es, como mínimo, entre ocho y diecisiete veces más abundante que dos azúcares más sencillos de tres carbonos, que ni siquiera llegaron a detectarse.Para entender este resultado, el equipo empleó modelos de química cuántica y simulaciones por ordenador. Su hipótesis es que la eritrulosa se forma sobre diminutos granos de polvo cubiertos por una fina capa de hielo. Allí, moléculas mucho más simples reaccionan entre sí hasta construir un azúcar más complejo. Las simulaciones reprodujeron cantidades muy parecidas a las observadas con los telescopios, lo que respalda que este azúcar complejo puede sintetizarse de manera espontánea en el medio interestelar.Una pieza más en el origen de la vida“Nuestro resultado muestra que compuestos complejos como los azúcares podrían formarse en las nebulosas parentales de los sistemas planetarios, antes incluso de que se formaran las estrellas y los planetas en su interior” aclara Jiménez-Serra. Esta posibilidad encaja con la presencia de azúcares detectada en algunos asteroides primitivos, pero no demuestra por sí sola que esos compuestos acabaran participando en el origen de la vida terrestre.Esa interpretación coincide con la prudencia que reclama César Menor Salván, astrobiólogo y profesor de Bioquímica de la Universidad de Alcalá. En declaraciones facilitadas por Science Media Centre España, recuerda que el estudio únicamente demuestra la presencia de eritrulosa en una nube molecular y no que ese azúcar llegara a la Tierra o participara en el origen de la vida. “Del mismo modo que ver gente bajarse de un avión en un aeropuerto no implica que todas las personas de la ciudad llegaron en avión”, ejemplifica.Tras este descubrimiento, el siguiente objetivo del equipo ya está definido. “Queremos seguir buscando otros azúcares, como la ribosa, que forma parte del ARN”, adelanta Jiménez-Serra. “También queremos comprender cómo se comportan estos azúcares en las condiciones extremas de las nebulosas interestelares, con temperaturas ultrabajas y en un vacío casi absoluto”.El hallazgo no resuelve cómo la química dio el salto hacia la biología, pero sí desplaza un paso atrás el origen de algunos ingredientes potencialmente relevantes para la vida. Si algunos azúcares ya podían sintetizarse en las nubes interestelares de las que nacen las estrellas y los planetas, la materia prima necesaria para el desarrollo de la vida podría haber estado disponible incluso antes de la formación del Sistema Solar.