13 de julio, 2026 - 07h30Quien haya leído a Hanif Kureishi, el irreverente escritor inglés de origen paquistaní, sabrá que he tomado el título de un libro suyo. En 2022 Kureishi sufre un mareo en Roma y al volver en sí advierte que no hay nexos entre el cerebro y el cuerpo: “Me había disociado de mí mismo”. A pedazos (2025) es el libro en que el autor reconstruye –con notas dictadas y un humor casi impúdico– el diagnóstico de paraplejia, las clínicas, los eternos ‘gracias’ y ‘por favor’, las barreras a la movilidad, la silla de ruedas, la visión del mundo “a vista de a perro”. Tenaz, pese al vuelco arrasador de su vida, Kureishi expresa que no piensa hundirse, que buscará una nueva forma de quererse con su pareja y sacará algo valioso de todo, aunque “sea agónico ser yo”. También en 2022, Salman Rushdie, nacido en Bombay, recibió doce puñaladas de un joven mientras daba un discurso en Nueva York. En Cuchillo (2024), el escritor –quien vivió protegido por el Reino Unido tras la sentencia de muerte del ayatolá R. Jomeiní por Versos satánicos– medita sobre el intento de asesinato que le lesionó varios de los órganos y lo dejó ciego de un ojo: “La violencia vino corriendo hacia mí y mi realidad se hizo pedazos”. Rushdie opina que en la muerte todos somos personas del ayer, atrapadas para siempre en el pretérito; “esa era la jaula en la que el cuchillo quería encerrarme”. Residente en Estados Unidos, reconoce que su felicidad de pareja sobrevivió herida pero firme, y eso le basta.Junio fue el mes de la esclerosis lateral amiotrófica y Esteban Bullrich, exsenador y exministro argentino, testimonia que la ELA le ha arrebatado todo, excepto el movimiento de los ojos, pero sin tocar su alma: “Me quitó la voz, pero fortaleció mi capacidad de escuchar. Me quitó movimiento, pero me regaló más tiempo para contemplar. Me quitó independencia, pero me mostró la profundidad de los vínculos que sostienen una vida” (La Nación, 21/06/26). Bullrich creó una fundación para pacientes con ELA y sostiene que los límites del cuerpo no pueden vencer su amor, esperanza y fe. Al cronista Martín Caparrós, exiliado en España, la ELA lo tomó de sorpresa. En Antes que nada (2024) revisa su vital trayectoria frente al deterioro de su cuerpo. ELA, la condena (El País, 8/02/25) es una narración del giro brutal de su mundo: “Algunos empiezan con un trozo de pan que se atraganta, otros con un tropiezo, una mano acalambrada (…). Al principio todos pensamos que es una tontería: carajo, tengo que mirar mejor por donde voy (…). Pero después la cosa empieza a repetirse o se le agregan nuevas tonterías. Vamos a un médico que nos dice que probablemente no sea nada, que hagamos reposo o fisioterapia (…). Y lo hacemos, pero las tonterías insisten, cada vez más frecuentes”. Sin guardarse la rabia que a veces exuda, Caparrós continúa presente en foros y disfruta leer con apoyo tecnológico. Y yo pienso, como Kureishi, “qué ingenuos parecemos cuando no conocemos nuestro destino. Un hombre caminando tranquilamente hacia el desastre”. Vaya si lo sabrá mi cuerpo tirano que aprendió a volar con las alas quebradas de una mariposa. (O)