A las afueras del oeste de El Cairo, junto a la autopista de Dabaa, se despliega una red de carreteras extensas que recorren un paisaje donde el erial del desierto se ve interrumpido cada ciertos kilómetros por anchos canales de regadío, campos de cultivo y plantas industriales. No se trata de espejismos, ni de un oasis, sino de un proyecto masivo de ganancia de tierras.En este inhóspito paraje se libra, bajo un sol abrasador, una crítica batalla para renegociar las fronteras entre la limitada tierra fértil del valle del Nilo, única fuente de agua dulce de Egipto y sus más de 110 millones de habitantes, y su desierto oriental, puerta de entrada del Sáhara. También es el escenario donde las autoridades del país están ensayando un nuevo modelo de agricultura, centralizado en torno a una alianza entre militares y gigantes agroindustriales.Bautizado como el Nuevo Delta, abarca unas 924.000 hectáreas y se trata del mayor proyecto de infraestructura agrícola en la historia moderna de Egipto. Su objetivo principal es expandir las tierras agrícolas del país, satisfacer una parte significativa de la demanda local de cultivos estratégicos, reducir las importaciones y maximizar su valor añadido con miras a exportar.“Es uno de los proyectos de desarrollo y agricultura más importantes, no solo de Egipto, sino quizás también de Oriente Medio”, desliza el presidente del Servicio Estatal de Información, Alaa Youssef, durante una visita reciente con periodistas en la que participó EL PAÍS. “Contribuirá mucho a la seguridad alimentaria de Egipto, mientras se trabaja en proyectos como la ganancia de tierras”, vaticina.El Nuevo Delta empezó siendo una pieza más de un proyecto agrícola nacional anunciado en 2015. Pero en solo unos años, cuando otros fracasaban, la agencia encargada de su desarrollo, Futuro de Egipto, cultivó con éxito el terreno que se le había asignado, lo que la convirtió en poco tiempo en la nueva columna vertebral de la estrategia de seguridad alimentaria del país.Futuro de Egipto asegura que ha adoptado un modelo de agricultura inteligente que le permite conseguir niveles de eficiencia más elevados a la vez que racionaliza el uso de agua y energía y se centra en cultivos como el trigo, del que Egipto es aún el mayor importador del mundo. En total, la agencia afirma que ha invertido en el Nuevo Delta unos 14.000 millones de euros.Dado que la tierra cultivada se ha ganado al desierto, ha tenido que diseñarse un sofisticado sistema de riego para suministrar en torno a 10 millones de metros cúbicos de agua cada día a través de acuíferos, agua tratada y el Nilo. Se han construido casi 700 kilómetros de canales abiertos, una red de tuberías de alrededor de 9.200 kilómetros y 28 estaciones de bombeo.“El agua es un recurso sumamente valioso para nosotros los egipcios”, señala el director del departamento de ingeniería de Futuro de Egipto, el general Essam Wally, a una pregunta de EL PAÍS. “El plan es aprovechar y reutilizar el agua residual que termina en el Mediterráneo y para ello estamos desviando caudal del Nilo que antes se desperdiciaba en el mar”, indica.Tras los logros de Futuro de Egipto se halla lo que observadores describen como una agencia ágil, con poca burocracia y planificación meticulosa. También una disciplina militar, pero con participación de expertos civiles, lazos estrechos con el sector privado y un apoyo político al más alto nivel. Por el contrario, proyectos anteriores liderados por otros brazos económicos del ejército habían exhibido una gestión deficiente que había generado una gran frustración.A raíz de su éxito inicial, Futuro de Egipto atrajo la atención del presidente Abdelfatá al Sisi y fue elevada, mediante decreto presidencial, a entidad estatal soberana: la Autoridad Futuro de Egipto para el Desarrollo Sostenible. Sin embargo, su estructura legal y administrativa no es del todo clara porque la resolución nunca se publicó, según el medio egipcio Mada Masr.Al Sisi ha convertido el modelo de capitalismo terrateniente y rentista que representa Futuro de Egipto y otras agencias militares activas en el sector inmobiliario urbano en la columna vertebral de su enfoque económico para generar ingresosYezid Sayigh, analista sénior en el 'think tank' Carnegie Middle East Center.Desde entonces, Futuro de Egipto ha experimentado una expansión meteórica, no solo en sus actividades agrícolas, con la ambición de cultivar alrededor de la mitad de las tierras del país en 2027, sino también hacia otros sectores como la ganadería, la acuicultura, la importación de trigo, la logística e incluso el desarrollo urbano e inmobiliario, el turismo y la minería.“Al Sisi ha convertido el modelo de capitalismo terrateniente y rentista que representa Futuro de Egipto y otras agencias militares del sector inmobiliario urbano en la columna vertebral de su enfoque económico para generar ingresos”, considera Yezid Sayigh, analista sénior en el think tank Carnegie Middle East Center. “Sin embargo”, sostiene, “este modelo no se puede replicar en sectores como la manufactura y los servicios, incluido el turismo”.El auge de Futuro de Egipto, además, ha ido de la mano del fulgurante ascenso de su director general, el teniente coronel de la Fuerza Aérea Bahaa El Ghannam. En un artículo publicado en el medio egipcio Al Manassa, el doctor en sociología rural Saker El Nour lo retrató como “un nuevo arquetipo” que “fusiona la disciplina jerárquica con el lenguaje de los mercados”.“Parece tener una mentalidad más comercial, así como cierta experiencia previa y contactos en el sector agrícola por negocios familiares”, explica la periodista especializada en seguridad alimentaria y agricultura Nada Arafat. Ghannam, asegura, ha ascendido hasta el punto de llegar a mantener reuniones periódicas con Al Sisi y “haber recibido el tipo de facilidades administrativas que los ministerios, e incluso otras entidades militares, a menudo no reciben”.Sembrar dudasLa apuesta por Futuro de Egipto y el Nuevo Delta se produjo en un momento crítico para Egipto, a raíz de la disrupción en el mercado de cereales que causó la invasión rusa de Ucrania en 2022, lo que desató una crisis local. En este contexto, la agencia de Ghannam presumía de haber contribuido a reducir las importaciones en varios miles de millones de dólares.Según Arafat, “es cierto que Futuro de Egipto ha tenido más éxito, o al menos ha sido más visible y ha proyectado una imagen más pulida, que muchas iniciativas agrícolas anteriores vinculadas al ejército”. Pero la directora de la unidad de verificación de la Iniciativa Egipcia para los Derechos Personales (EIPR, por sus siglas en inglés) subraya que “de cerca, el panorama es más complejo”.Para expertos como El Nour, el modelo agrario impulsado por Futuro de Egipto en el Nuevo Delta supone un giro fundamental respecto a regímenes anteriores que combinaron grandes cultivos y granjas estatales, pero de propiedad más estrictamente pública, con la apuesta por redistribuir entre pequeños agricultores fértiles tierras agrícolas expropiadas cerca del Nilo.Arafat nota que, con el tiempo, estas parcelas se fueron dividiendo al traspasarse en herencia, y que ahora es habitual que unas pocas hectáreas estén divididas entre muchos propietarios con cultivos distintos. “El Gobierno considera que es económicamente ineficiente” y que “ha generado un panorama agrícola muy fragmentado y con coordinación deficiente”, apunta.“Proyectos [como el Nuevo Delta] no han sido concebidos para los pequeños agricultores, y el primer ministro, Mostafa Madbouly, lo ha afirmado de forma bastante explícita”, continúa Arafat. “El argumento es que no quiere repetir lo ocurrido en el delta del Nilo y el Alto Egipto, donde las tierras agrícolas se han ido fragmentando cada vez más a lo largo de generaciones”.La creciente centralidad de Futuro de Egipto en la cartera de seguridad alimentaria nacional también ha planteado dudas porque, como entidad soberana, actúa al margen del marco institucional oficial del Estado. Y aunque en la práctica haya demostrado más agilidad que el Ministerio de Agricultura y Ganancia de Tierras, supone una administración paralela.Además, su gestión se concentra en círculos muy cerrados, y es casi imposible fiscalizar no solo su rendimiento y eficiencia, sino también su presupuesto, sus contratos y ganancias, así como su contribución fiscal y el destino de sus beneficios. La falta de transparencia sobre estudios de impacto ambiental ha generado asimismo preguntas sobre su sostenibilidad a largo plazo.En términos generales, no existe un marco público claro a través del cual pueda fiscalizarse la agencia. No sabemos qué mecanismos de supervisión existen, quién audita sus actividades, ni cómo se supone que deben rendirse cuentas Nada Arafat, periodista especializada en seguridad alimentaria y agricultura“Es muy difícil evaluar si es un modelo de gestión exitoso porque hay muy poca transparencia o supervisión”, constata Arafat. “En términos generales, no existe un marco público claro a través del cual pueda fiscalizarse la agencia. No sabemos qué mecanismos de supervisión existen, quién audita sus actividades, ni cómo se supone que deben rendirse cuentas”, agrega.Con todo, una de las mayores preocupaciones sigue siendo el impacto que acarrearía la apuesta por este nuevo modelo agrícola para los pequeños agricultores. Arafat nota que estos afrontan problemas crónicos para recibir fertilizantes subvencionados, crecientes pérdidas vinculadas a la crisis climática, contaminación de agua, mercados inestables y falta de información fiable. Además, tienen una capacidad muy limitada para organizarse de forma independiente.En este contexto, apunta Arafat, el proyecto del Nuevo Delta no desplaza de forma directa a la mayoría de estos pequeños agricultores. Pero “refleja una estrategia agrícola más amplia que prioriza una producción a gran escala e intensiva en capital, mientras que muchos de los problemas estructurales que afectan a pequeños agricultores siguen sin resolverse”, concluye.