La armonía y la fluidez que Didier Deschamps no encontraba para explotar todo el potencial de los Mbappé, Dembélé, Doué y Barcola apareció cuando Michael Olise pasó a ocupar el centro de la mediapunta en el segundo tiempo del estreno de Francia ante Senegal. Alejado de la banda derecha, que pasó a ocupar Dembélé, Olise engrasó y amasó la explosiva línea atacante que someterá a un partido estresante al sistema defensivo de España. El cotizado jugador del Bayern ha explotado como un diez fino y elegante que deslumbra en esta Copa del Mundo con la naturalidad propia de su depurada técnica. La primera vez que José Manuel Gomes, un trotamundos entrenador portugués, vio tocar el balón a Michael Olise fue imbuido por esa sensación que dilata las pupilas de los ojeadores y les dispara la mente augurando un estrellato en ciernes que este Mundial ha corroborado. “Olise tenía 16 años y yo acababa de fichar como entrenador del Reading. Tenía 40 jugadores, en diez días eché a 14 y me puse a ver partidos de la cantera. Su primer toque fue para girarse y orientarse hacia la portería rival. Vi al superdotado que se está viendo ahora. No me sorprende que jugando de diez despunte porque lo suyo es magia. Es muy fuerte en la banda, pero cuando va al centro sabe crear entre líneas por ese primer toque que tiene que siempre apunta a la portería rival”, relata Gomes al otro lado del teléfono desde la concentración del Al-Khaleej saudí, donde es ahora entrenador, en Países Bajos.El impacto que causó Olise en Gomes abrió un conflicto con el director de la academia del Reading inglés. “En ese mismo partido ya le dije que quería que subiera a entrenarse con el primer equipo. Me dijo que no, que rompería las normas de la organización porque el chico no iba a las clases de inglés y matemáticas. Se quedaba fuera jugando con un balón”, cuenta el técnico luso que dirigió al Almería en 2020 y a la Ponferradina en 2022.Gomes no cesó en su empeño para reclutar a ese futbolista que le había embaucado con su sedosa pierna izquierda. “Acepté la negativa un par de semanas, pero fui a ver otro partido y hablé con el director de nuevo. Le voy a llamar y no te va a generar un problema porque va a entrenar conmigo y si no lo utilizo jugará con el equipo de la cantera”. La propuesta convenció al responsable de la formación del Reading. Gomes recibió a un chico tímido, flacucho y un tanto desencantado por no haber cuajado en las categorías inferiores del Arsenal y el Manchester City. “Era tan reservado como ahora, pero le distinguía, además de sus cualidades, la pasión que siente por el fútbol. Olise se expresa en el campo con una pelota en los pies. Ahí hace poesía”.El Reading militaba en la Championship, la dura y exigente segunda división inglesa. Gomes tiró del viejo recetario cuartelero de los entrenadores cuando quieren curtir a un talento fresco y tierno antes de que dé el salto al profesionalismo. “Les dije a mis jugadores que le entraran fuerte en los entrenamientos. Olise venía llorando a preguntarme por qué sus compañeros le daban tantas patadas. No sabía que yo lo había ordenado, pero le prometí que si no lloraba durante una semana le convocaría para el primer equipo”. Olise no volvió a derramar lágrimas. “Le hice debutar, jugaba cinco, diez, quince minutos y terminó la temporada como titular. A la siguiente le firmé su primer contrato profesional”, recuerda.Este no pudo contener la curiosidad que le despertaba que un talento tan evidente de detectar no se hubiera asentado en las categorías inferiores del Chelsea, el Arsenal o el Manchester City. Olise no era un migrante ni un chico que los ojeadores del Chelsea hubieran arrancado de alguno de los prestigiosos centros de formación del fútbol francés. Hijo de padre anglo-nigeriano y de madre franco-argelina, se crio en Hayes, un suburbio londinense de clase trabajadora. “Le pregunté y me contó que del Chelsea y del Arsenal se fue por los mismos problemas con las matemáticas. En el City sintió que los castigos del preparador físico se convirtieron en un motivo de burla constante de sus compañeros”.La primera explosión de Olise le reportó al Reading unos 10 millones de euros cuando el Crystal Palace fichó al futbolista en el verano de 2021. Tres años más tarde el Bayern le sedujo y pagó por su traspaso 60 millones de euros. “Es increíble cómo ha crecido en personalidad. Ahora es el maestro del juego de Francia, el que marca el ritmo del juego y por dónde tiene que circular la pelota. Además, tiene un disparo de rosca con la izquierda muy preciso y lo arma muy rápido”, dice con admiración su exentrenador en el Reading. Con cuatro asistencias y un gol en el Mundial, ante Paraguay y Marruecos la vigilancia sobre Olise aumentó. Su actuación no alcanzó la brillantez de los anteriores encuentros, pero fue muy útil en el inicio de la creación de juego. “Está un poco más lejos de la portería contraria porque está bajando mucho para iniciar el juego. Recibe el balón de los centrales y del portero. Es un placer verle jugar para cualquiera que le guste el fútbol”, analiza Gomes. Este dice no saber si Olise terminó por aplicarse en los estudios. “Le dije al director de la academia del Reading que a mí me daba igual si era un genio de las matemáticas o del inglés. Lo que él quería era ser futbolista y lo que yo quería era que fuera un buen futbolista. De fútbol es de lo que sabe, lo lleva en la sangre. ¿A un niño que ya le matamos porque no quería ir a clases de matemáticas le íbamos a matar también para el fútbol, que es lo mejor que hace?”.