Jesucristo resucitó al tercer día tras su crucifixión. Ernesto Castro (Madrid, 35 años) ha necesitado un poco más de tiempo para su renacimiento. Hace un año y medio, el filósofo y ensayista, popular entre los mileniales por sus vídeos de YouTube en los que reflexiona sobre temas de la cultura contemporánea como el 15-M, el trap o el poliamor, abandonó a sus 170.000 feligreses para recorrer esa ruta del calvario llamada depresión. En una visita al monasterio de Santa María de Montserrat tuvo una revelación. Castro, profesor universitario de Estética criado en el más estricto ateísmo, se convirtió al catolicismo frente a la imagen de la Virgen. Hace unas semanas, reapareció en las redes —“La caverna, el infierno en la Tierra”, dice— para anunciar que se ha bautizado y confirmado y que está en comunión con Dios. Su “resurrección” coincidió con la visita a España de León XIV, a quien le escribió una carta hablándole de tú sobre su conversión. Está acostumbrado a departir durante horas en sus vídeos, pero insiste en hacer esta entrevista por escrito. “Así no desbarro tanto”, aclara. “No dudo de su probidad y deontología; de lo que dudo es de las paridas que me salen de la boca”. Pregunta. Cuando empezamos a intercambiarnos mensajes, usted me escribió: “Qué triste, ¿no? Quince años publicando, 11 libros publicados y cero reseñas en papel. Un chorrito de agua, 15 segundos en RTVE y ¡plaf! Paren las rotativas”. ¿De verdad no entiende la fascinación de los medios por su conversión?Respuesta. No, si lo deplorable es el nulo interés que suscita la literatura dentro y fuera de la prensa. Ya nadie quiere leer o escribir; solo “ser artistas”, “crear contenido”, “vivir del cuento”, hacerse selfis con cafés y libros cuquis… Los peores influencers, los que peor ejemplo dan, son los suplementos culturales, que reemplazan la lectura y la reseña por ránquines estúpidos o entrevistas analfabetas. Todo mi respeto, por supuesto, hacia los últimos francotiradores de la crítica literaria. En cuanto a la fingida fascinación hacia mi bautizo, ¿qué le vamos a hacer? En el mundo hay del orden de 2.600 millones de bautizados. Ustedes, los periodistas, sabrán por qué me toca ahora a mí estos 15 minutitos de mierda y barro que internet nos tiene reservados a todos los vivos en este siglo, a modo de martirio participativo, inocuo y democrático. P. Hace un mes, volvió a su canal de YouTube tras un año y medio de silencio. ¿Qué ocurrió en ese tiempo en su vida?R. Cosas sin relieve para los lectores de un periódico de tirada, no ya nacional, sino global. A tres comidas por día, debo de haber comido unas 1.500 veces. ¡Calculen e imaginen cuántos platos han pasado por mi cuerpo! Algunos me los sirvieron en mi boda, y otros en mi luna de miel en Benidorm. También me dieron de comer, de cenar y de merendar en la abadía de Montserrat… ¿Sigo?P. ¿Estaba “quemado” tras tantos años de exposición pública y “ruido” mediático?R. Yo ya venía “prendío” de casa. P. ¿Por qué con 35 años ha decidido bautizarse, confirmarse y comulgar por primera vez? R. Me convertí porque una Virgen lo quiso. “Hecho, es simple”, como canta el aedo.P. Antes de creer en Dios, ¿en qué creía?R. En que usted existe y no es una ilusión. En que hoy es miércoles. En que nací tal día, tal año, tal mes. En que la Tierra es plana… ¡Que no, que es broma! Pero hay tantas cosas que creemos “conocer” y “saber” porque alguien con autoridad nos lo ha dicho y damos su palabra por buena, sin hacer ninguna comprobación por nuestra parte, que casi asusta. Lo que sorprende es que no haya más escépticos acerca de que hoy es miércoles. Eso sí que no se lo cree ni Dios.P. Sus padres son ateos confesos [su padre es el filósofo y crítico de arte Fernando Castro Flórez]. ¿Cómo se lo han tomado ellos?R. Perdón, pero ¿esta entrevista es para EL PAÍS o para el ¡Hola!? P. Tiene 170.000 suscriptores en YouTube. ¿Cómo han recibido ellos esta conversión?R. No lo sé, no los conozco a todos. Habrá que preguntarles uno a uno. ¡Nuevo reto para el periodismo de investigación en este milenio! P. Llevamos tiempo leyendo en la prensa noticias y reportajes que anuncian “el regreso de los jóvenes a la fe católica”. ¿Es un fenómeno real o una invención periodística?R. Si lo dice la prensa… será verdad, ¿no? ¡Menos mal que tenemos periódicos rigurosos! ¿Qué sería de nuestra vida sin el fact-checking? ¿Cómo pudieron filosofar los griegos sin fact-checking? Venga, aquí va un humilde facto: la tan comentada estadística sobre el renacer silencioso de Gran Bretaña —de que, desde 2018, la asistencia mensual a misa se habría cuadriplicado entre menores de 24 años— resultó basarse en una muestra defectuosa… ¡A saber lo que significa eso! Cruzo los dedos porque detrás de toda esta burbuja mediática haya un adolescente comiendo Doritos mientras se ríe de nosotros. P. También se ha hablado mucho sobre el repunte de las conversiones a propósito del último disco de Rosalía. ¿Ve productos culturales como Lux como una manifestación de fe o como una genialidad del marketing?R. O lo uno, o lo otro, ¿eh? Kierkegaard estaría orgulloso. Para que luego digan que los maniqueos se extinguieron en el siglo VI. ¡Mani vive, la lucha sigue! ¿Por qué hay siempre solo dos bandos? ¿Por qué no tres, siete, catorce…? O el coche visible o la puerta misteriosa, o la bolsa o la vida, o el dinero o la creencia: ese es el maniqueísmo que nos ofrece esta sociedad, monista y maniquea a la vez, que en el fondo solo cree en el dinero, y por eso estigmatiza y rinde culto a quien cree en algo al margen del dinero. “Al margen” no quiere decir necesariamente “en contra”. Si eres igualitarista, ¿cómo es que eres tan rico?, se titula un libro fabuloso, del maniqueo de izquierdas Gerald Cohen. Si siguiese vivo, habría que encargarle una continuación: Si crees en Dios, ¿por qué no eres pobre? Pero ya se sabe lo que dicen de las segundas partes. P. Usted es profesor universitario. ¿Qué cosas les preocupan a los jóvenes?R. Como “profes de la uni”, título oficial del cargo que ocupamos unos cuantos diablos, nuestro conocimiento de los jóvenes es muy limitado. Se limita a cuatro paredes, tres horas a la semana, un proyector y una pizarra. A nuestras juventudes, que no son las del Papa ni las de ningún partido necesariamente, les preocupan los siguientes asuntos urgentes: que no se pase lista obligatoria en clase; que no se prohíba hacer botellón en el campus; y que los organismos académicos se posicionen radicalmente a favor de las causas sociales que molan por cada trimestre. En cuanto a los viejos, a los que controlan dichos organismos, su principal preocupación es desarrollar una meta-IA, una Inteligencia Artificial de Sauron, que detecte si los alumnos están usando sus pequeñas IAs, sus IAs hobbit para copiar los trabajos. En esta lucha por la “inteligencia”, con todas las comillas que se quieran, este servidor se pone siempre del lado de los hobbits, de los pequeñuelos del Señor.P. En redes y medios masivos pululan influencers y personajes del cuché como Tamara Falcó o Tomás Páramo hablando todo el rato sobre su fe. ¿Este tipo de perfiles invitan a profundizar o, por el contrario, a frivolizar sobre esta cuestión?R. La actual prefecta del Dicasterio para la Comunicación, primera mujer laica en ocupar tamaño puesto del gobierno en el Vaticano, hizo unas importantes declaraciones en cuanto fue nombrada; distinguió entre los influencers creyentes, que monetizan su relación personal con Dios, y los misioneros digitales, que transmiten gratis et amore el Evangelio. La distinción es clara, pero de difícil aplicación, igual que la metáfora de León XIV sobre qué hacer con la IA: si construir la torre de Babel o reconstruir las murallas de Jerusalén. De nuevo nos enfrentamos a una bifurcación puritana y maniquea, que nos lleva a dos callejones simétricos, ambos sin salida. Por si quedara alguna duda: en mi desmonetizado canal de YouTube hay 600 vídeos sobre filósofos y filosofía y dos sobre mi conversión, pero ¡cada quien vea lo que quiera!P. Vivimos tiempos de gran polarización por culpa de la política. ¿Qué podemos hacer para revertir esta situación?R. Cada uno sabrá lo que le viene bien. No tener redes sociales, ni WhatsApp, ni Telegram, ni estar suscrito a ningún periódico me ha venido —a mí, al menos— que ni mano de santo. No me cansaré de parafrasear a Thomas Jefferson: el lector de noticias vuelve a su periódico de confianza como el perro a su vómito, para recordar a qué sabía. ¿Qué sabemos, qué aprendemos al atender y opinar todo el rato acerca de una actualidad que ni sus propios protagonistas comprenden? P. ¿Su conversión ha repercutido de alguna manera en sus posiciones políticas? ¿Cómo se definiría ahora mismo ideológicamente?R. En una web que lleva misteriosamente mi nombre [ernestocastro.com] se me define como “patriota sensiblero de la Poslatinidad”. Quienquiera que lo haya escrito, estoy completamente de acuerdo. Yo no lo habría dicho mejor.P. Como nuevo miembro de la Iglesia, ¿se siente satisfecho con las medidas que ha tomado la Iglesia frente a los casos de abusos de menores? R. Pasapalabra. Doctores y juristas tiene la Iglesia. P. La Iglesia tiene grandes cuentas pendientes: una mayor participación de las mujeres, una mayor aceptación de los homosexuales, incluso la abolición del celibato. ¿Hay que evolucionar en estas cuestiones o no lo ve necesario? R. Pero ¿quién soy yo para sentar cátedra en nada? Le respondo lo mismo que le dije cuando me contactó y vi que usted escribe a menudo sobre la monarquía hispánica: “¿Qué mala noticia me va a dar? ¿Cuántos herederos al trono han muerto? ¿Cómo de rápido ha corrido la lista de suplentes? ¿No irá a cumplirse la pesadilla del rey filósofo?”. Pues eso, ¿qué pasa? ¿Que ahora el Papa soy yo? ¡Dios no lo quiera!