Mientras los residentes y los agentes sociales debaten sobre cómo hacer frente a la saturación y al consumo de recursos que provoca el turismo masivo en el archipiélago balear, la industria turística, gracias a diferentes leyes aprobadas por gobiernos de distintos colores políticos, ha hecho una apuesta clara por el turismo de calidad y de alto nivel adquisitivo, que desplaza a la clase media, pero que permite contener la llegada de más visitantes. Una alternativa que no convence a las entidades ecologistas y del tercer sector, que apuestan por un progresivo “decrecimiento”, así como por una economía menos dependiente del turismo, pero que es toda una realidad.
Eivissa y Formentera son dos ejemplos claros de cómo las Islas han orientado su modelo turístico hacia el lujo. En el caso de la mayor de las Pitiüses, el sector hotelero se ha orientado mayoritariamente hacia la subida de categoría de los establecimientos, que ya suma veinticuatro de cinco estrellas y otros ocho de cinco estrellas gran lujo, según datos del Consell d'Eivissa. En el año 2024, según el Instituto de Estadística de las Islas Baleares (IBESTAT), 46 de los 129 hoteles de la isla eran de cuatro estrellas o cuatro estrellas superior, casi un 38% de la planta hotelera. Formentera, por su parte, ha triplicado el número de hoteles desde 2004 a 2024 y un tercio de ellos son de cuatro estrellas, según el IBESTAT.







