La apuesta institucional y empresarial por atraer a un turismo de mayor poder adquisitivo ha situado a Balears en el radar de nuevos perfiles internacionales, especialmente estadounidenses, interesados no solo en las islas como destino vacacional, sino también como lugar de residencia e inversión. Un fenómeno que conecta el auge del turismo de lujo con la presión inmobiliaria y el encarecimiento del acceso a la vivienda en el archipiélago.

Desde la inauguración en 2022 de la conexión aérea directa entre Palma y Nueva York, el mercado estadounidense ha reforzado su presencia en las islas tanto en gasto turístico como en operaciones inmobiliarias, en un contexto en el que las políticas turísticas buscan atraer visitantes con mayor capacidad adquisitiva.

El interés norteamericano por Balears va más allá del turismo: en muchos casos actúa como puerta de entrada a procesos de inversión o adquisición de vivienda con fines de rentabilidad. “El turismo funciona como un goteo de gente que viene a las islas para ver si puede fijar sus ahorros”, señala Macià Blázquez, investigador de la Universitat de les Illes Balears (UIB), a elDiario.es.

La estrategia institucional que busca un viraje estratégico hacia el turista de alto poder adquisitivo bajo la idea de “menos cantidad, más calidad”, plantea el impacto consecuencias sociales y territoriales en un contexto en el que el acceso a la vivienda, el encarecimiento del suelo y la presión sobre los recursos -sobre todo los hídricos- son, desde hace tiempo, problemas centrales.