Cuando Hamad bin Jalifa Al Thani asumi� el poder en 1995, tras un incruento golpe palaciego contra su propio padre, el emir Jalifa, en Qatar ya manaba el petr�leo pero las arcas del Estado se encontraban medio vac�as y el pa�s apenas hab�a ocupado nunca espacio alguno en los medios internacionales. Cuando, 18 a�os despu�s, de forma sorprendente, abdic� la corona en su hijo Tamim -el actual soberano-, Qatar disfrutaba del PIB m�s alto de todo Oriente Pr�ximo, el fondo soberano estatal creado por �l participaba o controlaba en emporios empresariales de medio mundo, incluida buena parte de Europa, y el Emirato no s�lo se hab�a convertido en uno de los aliados claves de Estados Unidos en la regi�n m�s convulsa del planeta, sino que su influencia diplom�tica y capacidad mediadora le permit�an tutear a los gigantes de la zona, en especial Arabia Saud�, que recelaba ya en aquella fecha, 2013, del protagonismo alcanzado en tan poco tiempo por Doha.El papel pol�tico del ex emir Hamad, fallecido el domingo a los 74 a�os de edad, fue desde luego extraordinario. Estamos sin duda ante uno de los dirigentes �rabes m�s prominentes de su generaci�n, que transform� la faz de Qatar radicalmente. En el momento en el que tom� las riendas de la naci�n, �sta casi segu�a siendo el peque�o terru�o de viejos pescadores de perlas y tribus beduinas que lo hab�an habitado durante siglos. Pero la voracidad constructora de Hamad -en plena carrera modernizadora en toda la zona, con impacto similar al de los Emiratos �rabes Unidos- y los extraordinarios beneficios de la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA), el fondo soberano estatal de inversi�n establecido en 2005 para gestionar los super�vits generados por el petr�leo y el gas natural, derivaron en un nuevo paisaje arquitect�nico de imponentes estructuras de acero y cristal y formas geom�tricas imposibles que simbolizaban y simbolizan la pujanza de este pa�s del Golfo, de 11.600 km�, uno de los m�s peque�os, que se extiende a lo largo de 180 kil�metros en una pen�nsula que parece querer separarse de Arabia Saud� y sumergirse en las aguas del Golfo P�rsico que ba�an sus fronteras. Eso s�, la avidez urban�stica fue de la mano de una contrataci�n masiva y enormemente pol�mica de trabajadores extranjeros -muchos paquistan�es o palestinos-, que hoy conforman el grueso de la poblaci�n total, de en torno a 2,5 millones de habitantes. Las denuncias por el r�gimen de semiesclavitud en el que operan estos empleados son una de las caras m�s lacerantes de esta Monarqu�a absoluta, en la que ni se respetan los derechos humanos ni nada parecido a las libertades individuales.Automovilistas pasan junto a una gigantesca valla con el retrato del ex emir de Qatar, ayer, en Doha.AFPHamad fue el primog�nito de los cinco hijos varones -adem�s de 12 hembras- que tuvo Jalifa, quien fue el sexto jeque de la dinast�a y el segundo emir del Qatar moderno, tras la liberaci�n del yugo otomano en 1913. Los Al Thani se hab�an instalado en el poder del territorio a finales del siglo XIX, cuando Gran Breta�a firm� un acuerdo con el caudillo de la dinast�a -con miles de miembros, como el grueso de las familias reales �rabes-. Londres necesitaba que Qatar gozara de una autoridad pol�tica estable para hacer frente a la pirater�a imperante y garantizar los transportes mar�timos de la Compa��a de las Indias Orientales, y los Al Thani lo aprovecharon bien para deshacerse del vasallaje que el lugar, habitado apenas por pescadores de perlas, prestaba a los Jalifa que gobernaban -igual que hoy- Bahrein. No pudieron evitar los catar�es caer despu�s bajo la �rbita del sult�n otomano, ni tampoco de convertirse m�s tarde en un protectorado de Londres, hasta la definitiva independencia de Qatar, ya en 1971. Doha rechaz� la posibilidad de integrarse en la federaci�n de los Emiratos �rabes Unidos.El padre de Hamad, el emir Jalifa, fue coronado tras deponer del trono a su primo Ahmad, en 1972. Ya hemos adelantado que despu�s ser�a �l quien se ver�a derrocado por su hijo, nuestro protagonista. Hamad fue proclamado enseguida pr�ncipe heredero. Y fue asumiendo progresivamente casi todos los puestos de m�xima responsabilidad en el Gobierno de Doha.Sobre el golpe palaciego contra su progenitor, en 1995, mientras �ste se encontraba en Suiza, hay distintas tesis. Por un lado, Hamad, quien ya se hab�a convertido en el verdadero hombre fuerte de la naci�n y en su gobernante de facto, ten�a ansias por emprender reformas econ�micas, institucionales y de car�cter pol�ticodiplom�tico que su padre frenaba desde el trono. Por otro, siempre se especul� con que Hamad se dedici� al golpe incruento para frenar la posibilidad de que su progenitor maniobrara con uno de sus hermanastros, el pr�ncipe Abdulaziz, quien se hab�a autoexiliado en Par�s por discrepancias con las decisiones pol�ticas que tomaba el poderoso Hamad. El entonces Heredero quiz� sinti� temor a que su padre le sustituyera en el orden din�stico, ya que en Qatar no reg�a la regla de primogenitura masculina estricta, sino que el soberano de turno pod�a nombrar a su antojo a su sucesor. El destronado Jalifa no asumi� inicialmente lo ocurrido, e incluso estuvo detr�s de un posterior y fallido contragolpe contra su hijo, en el que participaron peones de varios pa�ses vecinos. Pero a finales de 1996 se produjo la reconciliaci�n familiar, Jalifa abdic� de sus derechos y reconoci� a su hijo como gobernante, quien fue coronado como emir en el a�o 2000.M�s all� de la relevancia que aportan a Doha sus ping�es beneficios por la exportaci�n de hidrocarburos -si el petr�leo es importante, m�s lo es a�n el gas, con el 10% de las reservas probadas de todo el globo-, el emir Hamad emprendi� una pol�tica diplom�tica que le convirti� en un actor principal en la zona. Decisiones como la de estrechar las relaciones con el r�gimen de los ayatol�s iran� y la de acercarse a Israel -el primer ministro Simon Peres hizo una hist�rica visita a Doha en 1996- fueron muy mal recibidas en Riad, que no acept� de buen grado que su diminuto vecino empezara a ir por libre en materia exterior.El emir Hamad junto a la reina Isabel II de Inglaterra, en 2010.AFPAunque si hay un hito por el que se recuerda el reinado de Hamad, por la extraordinaria repercusi�n que ello ha tenido hasta d�a de hoy, fue la fundaci�n de la cadena Al Jazeera, en 1996, con financiaci�n fundamentalmente catar� y a instancias del propio monarca. El que enseguida se convirti� en la principal fuente de noticias del mundo �rabe, bajo su fachada de independencia, con presencia en todos los conflictos y con coberturas nunca antes vistas de episodios como la Segunda Intifada Palestina, los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos o las posteriores guerras de Afganist�n e Irak, no tard� en ser percibida por la mayor�a de los reg�menes del mundo �rabe como una inc�moda herramienta en contra de sus intereses. Arabia Saud�, Egipto, Emiratos �rabes Unidos o Bahr�in no tardaron en exigir su cierre. Y el canal se convirti�, de hecho, en uno de los principales escollos por los que las naciones sun�es comandadas por Riad acabar�an rompiendo durante a�os sus relaciones con Qatar, ya bajo el reinado del actual emir, Tamim.Tras los atentados del 11-S, el emir Hamad se convirti� en uno de los m�s activos apoyos de EEUU en su operaci�n Libertad Duradera, poniendo a disposici�n del Mando militar unificado de las Fuerzas Militares estadounidenses la Base A�rea de Al Udeid, a 35 kil�metros de Doha, donde se desplegar�an hasta 11.000 efectivos de forma permanente. Qatar, sin embargo, mostr� su rechazo -aunque se limit� a la discrepancia p�blica- a la invasi�n de Irak que acab� con el r�gimen de Sadam Husein. Y desde Washington se se�al� con dureza lo que muchos consideraban un doble juego en el Emirato en aquellos tiempos b�licos, ya que, si por un lado Doha era el gran aliado en el Golfo, por otro desde Al Al Jazeera se daba cobertura a lo que los halcones norteamericanos describ�an como "terrorismo".El emir Hamad nunca atendi� demandas prodemocr�ticas, pero s� moderniz� las estructuras institucionales de Qatar, dotando al pa�s de su primera Constituci�n y estableciendo un Parlamento unicameral, aunque sus funciones son b�sicamente consultivas, ya que el monarca es quien nombra a los integrantes del Gobierno, que s�lo responden ante �l. Su abdicaci�n en oto�o de 2013 sorprendi� a propios y extra�os. Aunque qui�n sabe hasta qu� punto influy� en su decisi�n el modo nada ortodoxo como �l se hab�a sentado en el trono.
El emir que hizo de Qatar una pujante y 'temida' naci�n del Golfo a golpe de petrod�lares y del canal Al Jazeera
Cuando Hamad bin Jalifa Al Thani asumi� el poder en 1995, tras un incruento golpe palaciego contra su propio padre, el emir Jalifa, en Qatar ya manaba el petr�leo pero las arcas...










