La exhibición del Museo Casa del Alabado visibiliza la libertad creativa y el patrimonio histórico de las monjas de claustro femenino.Publicidad12 de julio, 2026 - 16h21Uno de los secretos mejor guardados en Quito está en el Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado. Su obra maestra es la exhibición “Un viaje interior. Tesoros del Monasterio de Santa Clara”, que ofrece recorridos guiados permanentes. La muestra justamente se presenta en el Monasterio de Santa Clara, una institución vecina fundada en 1596 en el centro histórico de la capital ecuatoriana.El propósito central de “Un viaje interior” es visibilizar el arte y la vida dentro de los monasterios de claustro femenino, un ámbito que, a decir de Durán, ha sido históricamente menos documentado que el masculino. Durante la época colonial, explica, el claustro representaba una vía de escape y desarrollo intelectual para las mujeres frente a los mandatos sociales de la época. Era un espacio inesperado en el que ellas podían desplegarse en su capacidad creadora.Citando la célebre idea de la “habitación propia” de Virginia Woolf, Durán entiende el claustro como una oportunidad para la introspección y la libertad artística: “¿Qué es un claustro, sino una habitación propia y una posibilidad de crear en ese mundo de introspección que solamente la experiencia de silencio y contemplación de un claustro te puede dar? En ese aparente encierro hay mucha libertad. Libertad de pensamiento”.PublicidadLa exposición, que además conmemora los 16 años del museo, exhibe por primera vez valiosos objetos que permanecieron en la clausura durante siglos, seleccionados en un diálogo curatorial íntimo con las propias monjas. Entre las piezas más destacadas se encuentra el manuscrito místico de tres tomos titulado La perla mística (1700-1718), que recoge las vivencias y partituras musicales de sor Gertrudis de San Ildefonso, cuya música ha sido interpretada y grabada para la experiencia sonora de los visitantes.La curaduría adoptó un enfoque afectivo, respetando los nombres cotidianos que las hermanas otorgan a los objetos, ilustra Durán. Un ejemplo de ello es una escultura barroca del Niño Jesús de Praga, bautizada por la comunidad como el “niñito del pensamiento”. Otro tesoro de gran valor es un Cristo de marfil tallado por artesanos chinos en las Filipinas, que llegó a Quito a través de la ruta del Galeón de Manila, evidenciando que el claustro estaba profundamente conectado con las redes globales de intercambio artístico y económico.PublicidadPublicidadLa muestra también tiene otra intención: rendir homenaje a las catorce monjas clarisas que habitan en el recinto actual, definiéndolas como “las guardianas del patrimonio de las ciudades”. Dado que los recursos de la orden son limitados, la exposición tiene como objetivo directo la recaudación de fondos: el costo de las entradas se destina por completo a cubrir necesidades médicas y de conservación arquitectónica del monasterio, consolidando un lazo de apoyo solidario y comunitario en el histórico barrio de San Roque.La Casa del Alabado se configura como una fundación privada que custodia una colección de 8.000 años de historia prehispánica, con especial énfasis en las culturas precolombinas de la costa ecuatoriana como Valdivia, Chorrera, La Tolita y Jama-Coaque. Su misión trasciende la mera contemplación del pasado remoto, aclara Lucía Durán, directora del museo. “Tratamos de que el arte prehispánico se ponga en valor para el presente, para que los creadores y artistas del presente se inspiren en eso, los diseñadores, y que creen a partir de ese pasado”, describe. (E)