Pese a los calores extremos peligrosos para la salud de los ciclistas, el Tour de Francia no aplica los protocolos previstos por la UCI

El Tour entra en zona roja. Alarma calor. El mejor ciclista de la historia, Pogacar, a veces criticado por sus silencios y su falta de liderazgo más allá del maillot amarillo, por una vez, toma la palabra, tantos días de canícula, que sufre, como todos. Mareos, pulsaciones aceleradas, palpitaciones, problemas para recuperar… Agarra por la trompa al elefante en la habitación —¿cuánto tardará el Tour pudiéndose disputar en julio en una tierra que se calienta a ritmo acelerado por el cambio climático?— y responde.

“Es un tema importante que hay que debatir”, dice. “Pero si tuviera poder para cambiarlo todo, cambiaría todo el calendario y, sí, no correría en julio y agosto en los sitios calurosos y haría un calendario completamente diferente”, dice cumplida la primera semana de julio ante un calendario que propone a partir de los últimos 10 días de agosto una Vuelta a España que, partiendo de los paraísos fiscales favoritos de los ciclistas –Mónaco y Andorra— sugiere dos semanas íntegras en Andalucía. “Pero es algo que hay que pensar muy bien, algo que yo pueda hacer.”