Los triunfos que se ganan picando piedra se valoran el doble y si son para ganar Wimbledon, el triple. Lo sabe bien Jannik Sinner, derrotado en Australia, desmayado en Roland Garros y que se rehace sobre la hierba del All England Club. En una final que es durante mucho rato un bombardeo el italiano se levanta ante un correoso Alexander Zverev para terminar imponiéndose por 6-7 (9), 7-6 (2), 6-3 y 6-4 en 3 horas y 46 minutos. Se corona por segunda vez consecutiva en Wimbledon y atrapa su quinto título del Grand Slam.Pero sobre todo demuestra quién manda en el circuito y quién es el número uno. Solo lleva tres derrotas en todo el año pero necesitaba refrendarlo en un grande.Lo hace ante un Zverev que entra en una luminosa pista central de Wimbledon dispuesto a probar que es otro jugador. Que el triunfo en Roland Garros ha multiplicado su convicción. Que ya no es aquel tenista frustrado y frustrante capaz de quejarse por todo y de tirar por la borda sus innegables cualidades. Sale a jugar el ya número dos del mundo por delante de Alcaraz con la idea de olvidarse de un plumazo de los nueve enfrentamientos anteriores con el italiano, nueve partidos en los que Sinner lo ha zarandeado, los seis últimos sin ceder un solo set, paliza incluida en la final de este año del Masters 1.000 de Madrid. Solo hace un par de meses de eso pero el alemán se ha transformado en este tiempo. No le va a dar para ganar pero sí para pelear de lo lindo.Ausente por lesión Alcaraz y titubeante Sinner, Zverev aprovechó la ocasión para coronarse en París y para saldar su deuda con los Grand Slam. Ya nadie podrá decirle nunca más que es el mejor jugador de la historia...de los que no tienen ningún grande en su vitrina. El título en Roland Garros le ha liberado y ahora se trata de enseñarlo también ante Sinner en el primer partido en hierba entre ambos.El nuevo Zverev pelea como nunca pero tampoco le da para batir al italiano, que recupera todo su poderEl duelo nace como un pulso de poder a poder, un viaje en un portaaviones que no para de lanzar obuses. Porque los turnos de saque de cada jugador se convierten en una quimera para el restador. Zambombazo va, zambombazo viene. Los saques se estampan en la pista del rival a más de 210 kilómetros por hora y así es casi imposible que haya roturas. Ni una habrá hasta el tercer set. Apenas una bola de break en toda la manga inicial, a favor de Sinner, que la desperdicia al golpear con la caña. Y solo un minibreak en el desempate, el que consigue para ponerle el lazo al set Zverev con una derecha paralela impresionante.Tenía que ser con el drive, el golpe que más dolores de cabeza le ha dado siempre y el que más ha mejorado en las últimas semanas. 1 hora y 5 minutos de batalla y va mandando Zverev. Esto no se parece en nada a los precedentes. Aquí hay partido. Vaya que sí lo hay.A pesar del calor (28 grados en Londres al inicio del encuentro) Sinner, al que le afecta jugar con altas temperaturas, trata de recomponerse. Mantiene una actitud intachable, se anima con cada buen golpe buscando el apoyo de su palco y sigue concediendo muy poco. Bajo la atenta mirada del príncipe Guillermo o de los actores Dustin Hoffman y Nicole Kidman aguarda a que llegue su momento como un depredador en la sabana. Tiene paciencia y entiende que el partido es un sudoku y Zverev, que se pincha insulina porque es diabético a mitad del segundo set, también. El desenlace inexorable es un segundo desempate. Y aquí al final llega la hora del italiano, que pisa el acelerador y empata el partido al dominar el tie-break de principio a fin. Viene por lo tanto una nueva prueba para Zverev. Se sabe de la robustez de Sinner cuando las exigencias son máximas pero la del alemán está por descubrir. Si es un nuevo Zverev de verdad o aparece el viejo, el que se viene abajo.Cae la tarde y también el sol sobre el All England Club. Entre las sombras emerge Sinner y aún así Zverev goza de su primer bola de break. No puede aprovecharla porque se resbala tras una dejada del italiano y lo va a pagar. Porque al juego siguiente entrega su saque en la primera rotura de todo el partido. Tras 2 horas y 54 minutos un restador se impone para colocarse 5-3.El número 1 conquista una final que por momentos es un bombardeo entre dos sacadores brutalesEl campeón no perdona y toma la directa para ponerse por delante en el marcador. A favor de obra Sinner ya no permite un nuevo giro de guion y se hace con el cuarto set y el partido con una consistencia inapelable, esa que lo convierte en una máquina sin fisuras. El nuevo Zverev, muy mejorado sobre todo mentalmente, tampoco puede con un Sinner granítico que no pierde el saque ni una vez.