Enamorarse por primera vez es una experiencia que conlleva un cambio en la manera de sentir y relacionarse con los demás, especialmente durante la adolescencia. Las emociones nuevas y fuertes asociadas a las primeras veces, como el primer beso, la primera ruptura o los primeros celos, las viven los jóvenes con tal intensidad que los padres pueden tener dificultades para comprenderlas, sobre todo cuando las exponen en redes sociales.“Los adolescentes tienen sus propios códigos, hablan por WhatsApp o Instagram y a veces esto puede costar acompañarlo. Cuando sus relaciones se complican, también hablan por ahí, incluso de una ruptura”, explica la psicóloga infantil y directora del Centro Privado Raíces Psicología, Verónica Pérez Ruano. “En las redes sociales, las relaciones están muy expuestas a que los demás sepan si Manuel está con Pepa o María con Paloma, o cosas como si se dejan de seguir o no”, ejemplifica. “Cuando se enamoran por primera vez comprueban cómo son ellos mismos fuera de su entorno habitual. Es un espacio muy privado, en el que están solos y comienzan a experimentar lo que significa compartir la vida de manera romántica con otra persona”, agrega esta experta. La Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), en su informe más reciente, publicado en 2024 y titulado La ciencia de cómo las redes sociales afectan a los jóvenes, sostiene que las redes sociales no son inherentemente buenas ni malas, sino que sus efectos dependen de factores como el contenido consumido, las características del adolescente y el contexto social en el que se produce su uso. Sin embargo, pone el foco en determinados elementos del diseño de las plataformas, como el scroll infinito, los algoritmos de recomendación, los botones de aprobación social, como los Me gusta, y la exposición a contenidos relacionados con la apariencia física, la discriminación o las conductas de riesgo.A este respecto, y una vez que un adolescente ha experimentado la intensidad emocional que acompaña al primer amor, las tecnologías pueden desempeñar un papel relevante. “En una sociedad hiperconectada como la actual, la posibilidad permanente de encontrar a alguien nuevo puede alimentar la expectativa de que existe una experiencia emocional más intensa, más auténtica o más cercana a aquella idealización que quedó asociada al primer amor o a una relación significativa. De este modo, la conexión constante puede coexistir con una sensación persistente de insatisfacción”, afirma la doctora Inmaculada Escamilla Canales, especialista en Psiquiatría Infantil y Adolescente y miembro del Instituto de Neurociencias Aplicadas a la Educación (INAE).“Para un adolescente, al principio todo se vive a lo grande. Las emociones son muy intensas, el desarrollo emocional atraviesa un momento de enorme intensidad y el desarrollo sexual está en plena ebullición”, explica Pérez. Y añade: “Por primera vez se preguntan qué entregan en una relación de pareja, qué necesidades tienen y cuáles proyectan en la otra persona. En ese proceso afloran los niveles de autoestima, los complejos y las inseguridades; todo sale a la luz. Por eso duele tanto cuando la relación termina: la viven desde el presentismo, como si fuera para siempre”.La intensidad del primer amor y el dolor hablan el mismo idiomaA veces se minimiza el desamor adolescente y se tilda de drama, pero algunas investigaciones confirman que los jóvenes experimentan las emociones con una intensidad extraordinaria. En enero de 2026, el estudio publicado en JAMA Pediatrics Uso de las redes sociales y bienestar durante el desarrollo adolescente sugiere que la relación entre las plataformas y el bienestar adolescente es más compleja de lo que se suele pensar. Tras seguir durante tres años a más de 100.000 jóvenes australianos, los investigadores observaron que quienes hacían un uso moderado presentaban mejores indicadores de bienestar que quienes las utilizaban de forma intensiva, pero también que quienes no las utilizaban en absoluto. Los autores apuntan a que, durante la adolescencia, las plataformas digitales se han convertido en espacios relevantes para la construcción de vínculos afectivos y sociales.“En adolescentes con una elevada sensibilidad emocional y una representación especialmente intensa de conceptos abstractos y constructos morales como el compromiso, la fidelidad, la lealtad o la reciprocidad, el primer desamor puede constituir una ruptura especialmente significativa”, sostiene Escamilla. Para esta experta, la singularidad de las redes reside en que hacer match implica encontrar a alguien con quien se percibe un encaje especial. “En un entorno donde las relaciones comienzan cada vez con más frecuencia a través de plataformas digitales, el significado emocional del encuentro puede desplazarse. La intensidad no surge del conocimiento profundo del otro, sino de la expectativa generada por una conexión que parece excepcional. El match se convierte así en una promesa: la fantasía de que, entre innumerables opciones, ha aparecido alguien que encaja de manera singular con nosotros”, dice.“A veces, estas plataformas son una herramienta más para tratar de controlarlo todo, incluso el amor; de asegurarse el éxito y evitar el dolor creyendo que la intensidad y la coincidencia condicionan el destino o dan valor al amor. Y, aunque pueden ayudar, no se puede olvidar que el amor solo cobra valor cuando dos personas son capaces de construir una realidad después de haber decidido permanecer juntas”, agrega.Además, la vida digital también propicia nuevas formas de crueldad. “Una ruptura puede ser difícil de gestionar en un entorno donde el recuerdo de la relación permanece visible y accesible de forma constante. Y hay cosas sutiles. Se ejerce violencia desde lo digital y hay manipulación cuando hacen cosas que no quieren solo para generar malestar. Es un imaginario muy grande. Hay que escuchar mucho y respetar mucho; para ellos es muy importante. En las rupturas, las redes no ayudan, pero tampoco reflejan toda la realidad que hay debajo”, comenta Pérez.“Algunas personas quedan atrapadas en una sucesión de encuentros que persiguen una sensación conocida: la esperanza de recuperar una certeza emocional que, quizá, nunca existió fuera de sus expectativas”, argumenta Escamilla. Sea en el universo digital o no, todos recordamos, ya de adultos, ese primer romance o esa primera ruptura, no porque quizá fuera el más importante, sino porque fue el primero que nos enseñó algo sobre el amor.
Los amores adolescentes de verano en la era de Instagram y TikTok
Las vacaciones crean el escenario perfecto para que muchos jóvenes vivan sus primeros enamoramientos. La exposición constante y el contacto ininterrumpido cambian la manera de vivir las primeras relaciones y rupturas






